De ella decían
Decían que tenía los dedos del viento, vuelo de Ícaro y temblor de amapola, que tenía manos danzarinas, cabello inquieto, ojos de menta y voz de deseo. Decían que su boca sonreía siempre, que tenía sueños callados y labios de…
Decían que tenía los dedos del viento, vuelo de Ícaro y temblor de amapola, que tenía manos danzarinas, cabello inquieto, ojos de menta y voz de deseo. Decían que su boca sonreía siempre, que tenía sueños callados y labios de…
Déjeme, le dijo sin rabia, pero él insistió en su pesadez. Déjeme, dijo con más convencimiento, pero él volvió a acosarla. Déjeme, dijo por última vez, pero él no quiso escucharla. Entonces sucedió: ella se hizo transparente a los ojos…
Cuando vengas a verme tráeme luz y tráeme vida. No quiero otros regalos. Sólo quiero tus sonrisas, la mirada de tu alma, el estruendo de tu alegría, la última gota risueña de tus lágrimas. Te quiero viva: con tus silencios…
Espero que el Cielo donde van todos los cielos sea suficientemente grande para acogerte. Deseo que el espacio infinito albergue un lugar inmaculado reservado con tu nombre. Anhelo que Dios sea un excelente anfitrión y te reciba con el corazón…
Sentir explotar las minas bajo los pies, y cómo vuela uno en mínimos pedazos, el alma al cielo, el resto al pasado, sin que ya importen aquellos besos, sin que tu aire soliviante mis rubores, querida, sin que tu ausencia…
Un silencio desconcertado reclama ser fecundado por tu voz de rosas. Por favor: hazlo. Francisco de Sales
Fue sólo un instante. El mínimo que un espejo requiere para observar a una persona y devolverle una fotografía viva. Con eso bastó para que ella, a punto de abandonar, irrevocablemente, los cuarenta y nueve, emitiera un juicio despiadado (¡Ay,…