Sin hacer ruido

Llegó sin hacer ruido,

como un aire quieto,

como un silencio sigiloso,

como una sombra,

como una presencia que no molesta

y casi no ocupa lugar.

Miró hacia el horizonte.

Sus pensamientos fueron prudentes

y no se manifestaron con palabras

pero sí con una lágrima.

Lloró.

Levemente.

Reprimiendo el escándalo.

Añorando,

pero dentro.

Sin sentimientos

para no alterar la paz del lugar.

Se despidió.

Sin palabras.

Antes de irse,

recogió con el dorso de su mano

una furtiva lágrima.

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