Te amé, te amo, te amaré.
De todo hace muchos años: de la primera vez que te vi y de la última que te abracé. Después llegó el final. El tuyo. Y con el tuyo, el mío. Tuve todo el amor contigo y todo el vacío…
De todo hace muchos años: de la primera vez que te vi y de la última que te abracé. Después llegó el final. El tuyo. Y con el tuyo, el mío. Tuve todo el amor contigo y todo el vacío…
Allí estaba, en el parque, con su silla plegable que trajinaba cada día; delante de ella, un cubo de plástico lleno de flores de plástico -usadas, estropeadas o viejas- que ella no vendía y que nadie compraba. Así, día tras…
Entonces fue cuando escuchó la tormenta. Y no a lo lejos: dentro. No supo localizar si fue en la mente, si en el corazón, si en el almacén de los recuerdos. Sonaba la tormenta y volaba un presagio. Se avecinaba…
Dije “te amé” y, por primera vez, ni una sola lágrima me acompañó. Lo repetí, con palabras y nostalgias, y tampoco aparecieron. Apreté los ojos, como exprimiéndolos para que fueran llanto. Tampoco. Sonreí. Levemente. ¿Con miedo? No. ¡Con inexperiencia! Pronuncié…
Mañana, tal vez mañana, se reinicie el ciclo, recomience todo, tal vez volvamos al origen y deshagamos el mundo, desmitifiquemos la vida, dejemos paradas las ganas de huir y hagamos otra cosa con este estar aquí que hemos convertido en…
El espejo tuvo la desfachatez -imperdonable y agresiva- de darme la razón. No tuvo en consideración mi destrozo, las lágrimas que llevaba lloradas, mis noches de tortura en vela, la destrucción lastimosa de mi corazón, y no tuvo la decencia…
Llevo mucho tiempo esperando un amanecer sin espinas, una noche sin tormentos, un día sin infierno, una esperanza con luz. Esta muerte en vida, con grandes resquicios, permite la invasión de mis más temidos enemigos. Esta vida que tengo, apocada…