Y se instaló

“Quiero vivir una historia de amor épica,

que sea la envidia de todas las novelas románticas”.

Entonces tenía trece años.

En esa edad caben todas las fantasías

porque la realidad no ha mostrado su verdadera cara.

Amó, pero sólo cosas triviales.

Se desilusionó más veces de las que se ilusionó.

Sólo conoció la cara oscura del amor.

Cada chico fue solamente “otro fracaso más”.

Lloró más de lo que es posible llorar.

Deshojó las largas horas de la noche

entre ayes y suspiros.

Renunció a amar porque le pareció lo más digno.

Redactó un nuevo futuro, todo en singular.

Dejó de reservar un sitio en su cama.

Reparó las grietas de su corazón y lo repintó.

Cambió las noches en vela

por las noches para dormir.

La paz,

por fin,

buscó un sitió para instalarse

y se instaló en ella.

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