Amor Propio

A veces no puedo

-ni quiero-

evitar perderme

-sin marcha atrás posible-

por los vericuetos insondables de mi mente

-que navega entre locuras y fantasías-

o de mis recuerdos

-que infectan mi mente-.

También los deseos interfieren

-con sus imposibilidades y sus urgencias-

y desvirtúan el fluir equívoco

de los caos y las nostalgias

confundidos y remezclados.

Con estos pésimos preliminares

cualquier cosa que aparezca vendrá desorientada,

sin base de conciencia, sin verdad o certeza.

Así que cuando me pregunto

-más bien me interrogo-

“qué hubiera pasado si…”

se apresuran a contestar

quienes no han sido consultados;

intervienen sin permiso,

irrumpen y avasallan,

y cambian el cauce de la cordura

por fantasías y fabulaciones,

por autoengaños y automentiras.

Se convierte en tarea no fácil deshacer entuertos,

separar la paja y aliviar el luto incrustado

en mi mente funesta.

“¿Y si hubiera…?”

Imagino pasados posibles y futuros

-pero imposibles-

y los embellezco o negativizo

según el día que tenga.

Más a menudo lo último.

“Sólo tengo lo que tengo”.

Sencillo y sublime.

Trato de acallar alborotos

con la lógica y la realidad, pero siempre hay

-dentro de mí-

quien se rebela y antepone la utopía de su deseo

a la firmeza de la verdad.

No tengo otro pasado.

Es un cajón cerrado en el que no puedo hurgar.

Es difícil consolarse cuando el consuelo pone

demasiadas condiciones y excesivas exigencias.

El único consuelo lo aporta un pequeño optimista

-no sé qué hace dentro de mí-

que se conforma con estas migajas de vida

que hay en mi vida.

“Lo que pudo ser y no fue”.

Así me veo a mí y así veo mi presencia.

El Tiempo de los Arrepentimientos es inmisericorde.

La consciencia, cuando es consciencia de verdad,

no se deja sobornar.

Afortunadamente.

Aunque duela.

La consciencia nos mantiene a flote,

pero a veces

-muchas veces-

flotamos sobre mierda.

El honor debería estar siempre presente.

La dignidad reclamando lo que le corresponde.

La honestidad, presente e intachable.

Por encima de nuestras circunstancias,

nosotros.

Por encima de los vaivenes extremos,

una paz inquebrantable.

Por encima del caos,

el Amor.

Por encima del Amor,

el Amor Propio.

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