Inexperto en amores

Podría haberse callado para siempre

y ser enterrado con su secreto,

pero una lucidez propia que desconocía

le gritó desde dentro “díselo”.

Envalentonado

rebuscó entre sus palabras

-tan pocas y tan simples-

las necesarias para componer

la más bella declaración

del revoltijo de emociones al que llamó amor.

Compuso frases imposibles.

Quiso superar a los poetas

y a quienes manejan un lenguaje florido

y a todos los enamorados que le precedieron.

Las descartó todas.

Descartó también “te quiero”,

no puedo vivir sin ti”,

eres la mujer de mi vida”,

y por fin llegó a la buena: “te amo”.

Ella la acogió con beneplácito.

Siempre te amaré”, añadió convencido.

La sonrisa de ella se agrandó.

Prometo amarte eternamente”, dijo.

Y ella no necesitó más referencias

ni le pidió que lo firmara en un documento.

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