No soy un poeta.
Soy un funcionario de las letras,
un administrativo literario;
de diez a catorce hurgo
en el diccionario de mi mente
y construyo frases
a partir de rompecabezas.
Sólo soy sensible y me enamoro
de diez a catorce.
Sólo sufro o me emociono
de diez a catorce.
Después y antes
me enojo y discuto,
miro las esquelas,
hablo de fútbol
o me aburro.
No soy un poeta.
Tal vez un mercenario de las letras.