Te busqué,
no voy a negarlo,
en los sitios que siempre frecuentaste,
al principio,
y en los que siempre odiaste,
después.
Te busqué
a la luz del sol o de la luna,
vestido de esperanza
y vencido de tristeza.
Te busqué
con ahínco y desesperación,
mansamente o a punto de la rendición,
vivo pero casi muerto.
Te busqué
es pasado.
Ya no te busco.
Pero te busqué.