Cualquier día,
o cualquier año,
dejaré esta vida
muy a mi pesar.
Esto es un testamento informal
para quienes ocuparon una parte de mi vida
o dejaron en ella algún recuerdo.
Cada uno sabrá qué le corresponde.
A ti te dejo aquel sudor dulce que compartimos,
las sábanas arrugadas,
el estribillo de nuestra canción,
mi parte del pecado que cometimos.
A ti te dejo mi corazón entero,
con sus lágrimas y cicatrices,
con sus desolados vacíos,
pero con tanto amor y tan inagotable.
A ti te dejo mi parte del pupitre,
te dejo que me ganes una vez al ajedrez,
el abrazo que nunca te di,
y la novia que compartimos en la juventud…
sólo para ti.
A ti te dejo un pañuelo
que recoja las lágrimas que te provoqué,
una música contra la tristeza,
el “te quiero” que nunca te dije.
A ti te dejo todas mis poesías
porque en todas estás tú;
les habló mi corazón
pensando en ti.
A ti te dejo las risas que explotaron
por ti, sólo por ti,
y porque nos reímos tanto y tanto…
ahora ríe tú también por mí.
A ti te dejo más preguntas,
mis libros y mis dudas,
el trecho de camino que hice
y el final de las conversaciones que no terminamos.
A ti te dejo un llanto a medias
porque no lo pude terminar.
Sólo tú conoces todos mis dolores.
Borra todos los que puedas.
A ti te dejo mis miedos
y así podrás espantarlos para siempre.
Te lo agradezco.
Yo jamás pude con ellos.
A ti te dejo un secreto:
Siempre te quise.
Me costó mucho callármelo,
pero lo hice por ti.
Le faltaste a mi vida.
Lo tuve todo.
Menos a ti.