No me queda más opción
que dejar que me bamboleen a su capricho
mis emociones y mis sentimientos
-tanto monta, monta tanto-;
sólo me dejan la opción única
de preparar el llanto
-veré si tengo suficientes lágrimas-,
de deshacerme en congojas
-yo no mando ni gobierno-,
de morir y algún día renacer
-quedo a merced del destino-,
de añorar lo que nunca pasó,
y de arrepentirme de casi todo.
No me queda más opción
que recibir tortas y tortazos,
empujones al borde de un barranco,
flagelaciones en el corazón,
insultos en el alma,
golpes en la vida…
o la muerte como solución.