Huyo de mí. Huyo del silencio. ¿Me temo?
Busco distracciones, aunque no me distraigan.
Las preguntas me dan miedo.
La falta de respuestas, también.
¿Qué quiero? Esta pregunta me martiriza.
¿Qué me pasa? No tengo respuesta.
¿Quién soy?
Temo cualquier frase que comience con la duda de un por qué
y aún me espanta más si es la duda es un para qué.
Las dudas son puñales.
¿Por qué es todo tan complicado?
¿A qué me refiero cuando digo todo?
¿Cuál es el primer paso?,
¿El primer paso para qué?
¿Y cuál el siguiente?
¿Era necesario inventar los miedos?
Oigo explosiones en mi interior
seguidas de sepulcrales silencios.
Cierro los párpados para no ver
y entonces es cuando más me veo.
¿Cómo escapar de mí?
¿Cómo acallar a las preguntas?
La vida es cruel.
No sé porqué he escrito eso, no es cierto.
No responder es cruel.
No amarme es cruel
y sin embargo insisto en ello.
Necesito aprender a vivir.
Lo necesito.