Y nadie más que ella

Cada mujer que ocupó

mi atención, mi cama, o mi vida,

o las tres cosas a la vez,

dejó una huella duradera,

una huella que se llevará el aire

o una huella indefinible,

pero cada una de ellas, todas,

dejaron alivio o destrozo en mi corazón,

alegría o pena en mi alma,

fe o despecho en mi carácter.

Espero con paciente desesperación

la aparición mágica

de una mujer total,

plena y sin resquicios,

que sea capaz de ocuparme entero

con su sola presencia,

que con su huella cubra las otras

haciéndolas desaparecer;

que me ocupe de tal modo

que mi vida sentimental

quede reducido a ella,

solo ella

y nadie más que ella.

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