Amar
es un verbo compartido,
recíproco,
o es un verbo par,
inagotable,
o es un verbo que se convierte en plácido
con la edad,
o es irrespetuoso,
cálido, desbocado, enfebrecido;
es un verbo indomable y explosivo.
Amar
es un verbo intrépido
que pone pocas condiciones,
que no respeta protocolos
ni estados ni edades;
un verbo que encadena,
un verbo de doble dirección,
es la puerta al Cielo.
Desamar,
en cambio,
no es un verbo:
es una tragedia.