Mandarlo todo a la mierda

A punto estoy de mandarlo todo,

pero todo-todo,

a esa mierda metafórica

-o mejor si es real-

donde se depositan los desacuerdos,

donde se vacían los rencores,

donde se descargan las frustraciones,

donde se busca el alivio.

A punto estoy de mandarlo todo,

pero todo-todo,

a un utópico infinito,

al desagüe de todas las alcantarillas,

a donde viven las ratas,

o al infierno,

o a la sala de las trituradoras,

al más férreo olvido,

a donde no haya retorno,

de donde se pueda volver.

O sea, mandarlo todo a la mierda.

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