¡Qué pronto!, dijiste.
¡Qué pronto!, repetí con tu mismo pesar.
Habían sonado las nueve indeseadas campanas
y esa era la señal
que indicaba que te tenías que marchar.
¿Cómo se dice adiós cuando no se quiere decir adiós?
¿Qué sonrisa o qué la lágrima lo sustituye?
Adiós sin adiós.
Cuando no estoy contigo
la soledad se multiplica.
La soledad y tu ausencia
son la misma cosa.