Hay que tener muchos años
para saber qué es la nostalgia
-y tener muchos vacíos en el corazón
y algunos rotos en el alma-.
Hay que viajar muy lejos
y alejarse mucho de los seres queridos
y pasar muchas noches de soledad
y verter muchas lágrimas
y estancarse en muchos vacíos.
Hace falta un corazón que tenga
por lo menos una esquina rota,
alguna herida sin curar,
la añoranza en carne viva.
Hay que tener la lágrima fácil,
la sensibilidad a flor de piel,
el estremecimiento siempre a mano,
el Amor –o el desamor- muy vivo.
Sólo entonces uno se habla de tú a tú con la nostalgia
y disfruta o sufre su propia tristeza.