“SÓLO ADMITO ABRAZOS, NO MONEDAS”
Eso decía el letrero que tenía a sus pies.
Mostraba una sonrisa que invitaba a los abrazos.
Limpio y bien vestido.
Un mendigo extraño con una petición extraña: abrazos.
Mantenía la sonrisa y los brazos abiertos
a pesar de la indiferencia de los viandantes.
Llevaba media mañana pidiendo,
pero con poco éxito.
Recogió el letrero.
“Un mal día”, pensó.
“Sólo conseguí dos abrazos,
me tendré que apañar con ellos”.
Volvió a sonreír
y tomó el camino de regreso
a su corazón.