Lloro

Lloro.

Nunca lo digo.

Jamás lo admitiré.

Pero lloro.

Aunque me lo prohíbe mi educación.

Son microllantos.

Sin apenas espacio y tiempo

para las verdaderas lágrimas.

O son lágrimas secas.

Tal vez lloro para adentro.

Para que no me vean.

Lloro con lágrimas

cuando estoy solo.

A salvo.

Sólo mis sentimientos

-que nunca me delatarán-

y yo.

Ahora lloro.

Mis lágrimas hablan por mí.

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