Confusa confusión

Apenas me quedan lágrimas.

Ya lloré, una y otra vez,

cada vez más y más,

siempre por ti,

siempre sin ti,

y no encontré consuelo

aunque tampoco lo buscaba:

algo dentro de mí

deseaba el castigo.

Yo no fallé,

eso lo tengo claro.

Entregarte mi corazón,

darte todo mi amor,

fue una trágica decisión.

Lloro y lloro.

Se me va el día en el llanto.

Te maldigo.

Y no sé si eso es

lo que tengo que hacer.

Preferiría amarte

y no odiarte.

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