La última carta

Cuando llegó al final de la carta

no se desparramaron sus lágrimas

tal como había previsto;

sí hubo una congoja prudente,

un hipido muy discreto,

un brillo tenue en unos ojos apagados,

unos latidos un poquito más acelerados,

pero nada más:

ni nostalgia ni alivio,

ni reproches ni amor.

Silencio y vacío.

Y nada más.

La metió en el sobre,

la cerró mientras se despedía;

nunca más, dijo sin palabras;

adiós, añadió.

Quemó el sobre

y todos los recuerdos de ella

se evaporaron al momento

llevándose todas sus huellas.

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