No puedo
-lo sé y lo siento con pena-
convertirme en poeta.
Otros se llevan
las palabras más floridas,
las que saben el camino al corazón,
las que son cebollas que provocan lágrimas,
mientras que para mí quedan
las básicas y las vacías,
las que no tienen emoción,
las que tienen corazón de ladrillo
y las que están oxidadas.
Sin el regalo de la inspiración
y sin la colaboración del diccionario
sólo puedo arrejuntar palabras
sin alma y sin sentido.
Triste presente y triste futuro.