Quisiera que este “te amo”
que dejo en tu oído
mientras duermes
siguiese siempre en presente;
que nunca sea parte de un pasado
porque se agotó.
Está bien “te amé” y “te sigo amando”.
Está bien la profecía de un “te amaré siempre”.
No quiero salirme de esta dicha
de amarte y ser amado.
Somos espejos que nos reflejamos:
lo que siento yo lo sientes tú,
lo que sientes tú lo siento yo.
Quiero seguir amándote,
que nada interrumpa esta ventura
en la que nos movemos:
un pie en la Tierra
y un pie en el Cielo.