Una lágrima intenta escapar
sutilmente,
inapreciable,
pequeña y fina,
por el lacrimal.
Detrás de eso hay
todo un plan de fuga,
una evasión profesional,
calculada,
medida:
escaparse de noche,
mientras él duerme,
sin que se dé cuenta,
sin una razón o motivo,
sólo porque él nunca llora
y ella es una lágrima,
de dolor o de alegría,
y ha nacido para ser llorada.