Un error tras otro

Creábamos caminos

que se convertían en laberintos

o en callejones sin salida.

No estábamos el uno al lado del otro.

Sólo nos unía una gran distancia.

Te amaba más cuando no estabas

y tú sólo me añorabas en los sueños.

Cada paso que dimos era en el sentido contrario

y era el único-mejor-cierto destino.

Nos equivocamos desde el principio:

nos elegimos mal.

Compartimos ese error y la responsabilidad correspondiente.

Tal vez podríamos darnos un abrazo

-el primero sincero-

porque el final ya está escrito.

El único-mejor-necesario destino

es decirnos adiós

y sacarnos mutuamente

de la mente,

del corazón

y de la vida.

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