Eran pura tristeza
aquellas miradas sin vida,
aquellas manos frías,
aquellos besos desganados.
Eran pura pena
aquellas miradas oscuras,
aquellas manos temblorosas,
aquellos abrazos lacios.
Eran pura muerte
aquellas miradas sin ojos,
aquellas manos inertes,
aquellos besos de pésame.