Ella, él, el silencio

No era un silencio compartido

sino dos silencios

que marcaban una distancia infinita

entre ellos.

Ella,

un silencio duro,

infranqueable,

el mismo que el Universo,

el mismo que la muerte.

Él,

un silencio frágil

que se podía romper

en cualquier momento

con el grito que quería reventar

en sus entrañas:

TE AMO, LAURA, PERDÓNAME.

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