Silencio

¡Silencio!

Que nadie altere este silencio

-tan temido y tan necesario-

para que pueda entrar

al vacío de mi interior.

Le temo

porque a veces me presenta

la nada que soy

y a veces me desconcierta

con la gran cantidad de preguntas que tengo,

todas ellas huérfanas de respuestas;

cuando entro,

me quedo cerca de la puerta de salida.

No soy un aguerrido explorador,

ni un insaciable buscador,

ni necesito las verdades

tanto como el agua o el aire;

más bien me conformo con el amago

de iniciar algo que yo no inicié,

de aparentar lo que no soy,

del autoengaño,

del intento

en el que no creo ni yo mismo.

Quiero y no puedo.

O tal vez sólo creo que quiero.

Me creo mis propias mentiras.

Malvivo con mis dudas.

Malvivo de mis miedos.

¡Silencio!

Que nadie altere este silencio.

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