La heridas sigue abiertas.
El dolor sigue manando
y se convierte en una catarata indomable,
en un sufrimiento espinoso,
un drama sin resquicios para la ternura.
Las heridas ya no sólo hieren: más bien me matan,
aunque es una muerte aún tolerable
para mí que soy tan sufrido.
Las heridas son el frente abierto
donde lucho mis batallas;
no las acepto, es cierto,
pero tampoco las cierro.
Las heridas son un mar abierto,
con sus idas y venidas;
todos los días me matan un poco,
todos los días me perdonan la vida.