“Supongo que era por ella por quien Dios esperaba
ante el tocador de señoras…” (José Luís Alvite)
Lo supongo
porque realmente era digna de ello.
Tal vez fue el mayor exceso
de su Creación:
aquella belleza con un alma
que se asomaba por la mirada,
aquel derroche de bondad,
la luz discreta de su aura,
sus manos bailarinas,
el sol amaneciendo en sus ojos.
Tal vez era la perfección absoluta
y ella era a quien Él añadía bendiciones,
sonrisas deslumbrantes,
maravillas y delicias.
O quizás era así
porque Dios la hizo a su medida.