Llorar
es un acto elemental,
un diálogo sentimental de uno
consigo mismo,
es un momento de intimidad,
de confesiones,
de contacto con la Humanidad
que cada uno tiene y es;
de amarse
-aunque no lo parezca-,
de confidencias,
de pequeñez
o confianza,
de darse permiso
para romperse…
y resucitar.
Llorar
es morir o amarse,
desprenderse de todo,
quedarse desnudo,
rendido,
a merced de los sentimientos.
Llorar
es partir a otro mundo,
propio y deshabitado,
pleno e incomprendido;
muerte y vida en las lágrimas,
vida licuada,
jugo de un corazón apenado
y también el contacto
ineludible con uno mismo.
Con el Uno Mismo.
Llorar
verbo íntimo,
viaje con retorno,
infierno sin gloria,
patria sin bandera,
destino o Paraíso.
Llorar
el acto más hermoso y Humano;
llegar a lo más profundo
para el contacto real con el alma.