Amar y llorar

Amar

por amar,

sin convertirlo en mérito,

sin esperar recompensa,

sólo dejar al corazón con sus latidos,

al alma en su disfrute,

al instinto en su costumbre.

Amar

por amar,

sin interferir en su tarea,

sin poner un pliego de condiciones,

sólo el amor derramándose,

siguiendo su instinto de

buscar un corazón gemelo,

un camino sin barreras,

un Paraíso donde descansar

tras atravesar un desierto.

Llorar

por llorar,

por el placer innato

de desaguarse,

de desahogarse,

de sacar lo callado,

de desatascar lo atrancado,

y mezclar ese llanto sin padre

con el llanto de las alegrías

que sólo se rieron y no se lloraron.

Llorar

por llorar,

si impedir el curso

plácido o turbulento

de las lágrimas liberadas,

por aquello que no se dijo

a golpes de silencio,

por aquello que no se hizo

por una prudencia innecesaria.

Llorar

por llorar,

la felicidad manando,

los silencios por fin expresándose,

la paz como llanto o el llanto como paz,

la alegría licuada,

llorar porque sí,

sin necesidad ni misterio,

sólo porque sí,

porque el llanto sabe de penas

y sabe también de felicidad.

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