Las mujeres que olvidé
es porque no me clavaron
sus puñales.
Algunas me amaron
noblemente
y fui yo el malvado.
Otras se fueron al pasado mansamente,
llevándose sus huellas y suspiros.
Dejaron mi corazón ordenado
y mi alma sin heridas.
El amor y el desamor son irreconciliables.
Conozco a esos dos opuestos.
He transitado por ambos.