Quien me hiere
sabe perfectamente lo que hace
y consigue que perdonarle
sea una tarea
entre muy difícil e imposible.
Un poco de maldad vive en todos,
no necesita razones para sobresalir,
para desbaratar lo bien creado,
para vencer sin esfuerzo a la bondad.
Herir está al alcance de una cruel intención,
de un hecho perverso,
de un puñal verbal en malas manos.
Soy frágil se mire como se mire.
Mis venas lácteas me debilitan,
mi arrojo cobarde me identifica.
Muero muy a menudo,
esto no es ninguna novedad.
Quien me hiere también me mata:
soy de muerte fácil.