Me acuerdo
de aquel invierno descabezado
que sembró inquietud en el aire,
me acuerdo de su fuego en las cosechas,
su fragor y su increíble calor,
su silencio de hojas muertas;
pasó página rápidamente
dejándole a la primavera
los amaneceres sin resolver,
las tormentas sin recoger,
y las ventanas abiertas
por las que un día el frío
y otro día el calor
dejaron clara la indisciplina
de un invierno inexperto
que no supo organizarse,
se mezcló con otras estaciones,
ocupó erróneamente el lugar de todas
y se aposentó en los recuerdos
como un loco enfebrecido
que desempeñó tan mal su oficio
que acabó despedido
y sin indemnización.