Porque nunca

Porque nunca se respetó

a sí mismo

y porque nunca hizo

lo que deseaba hacer

llegó al final de su vida

con una tristeza incrustada en el alma,

con una sensación de fracaso

inconsolable, dolida,

y no encontró su perdón,

ni siquiera su comprensión,

ni el acogimiento incondicional

que todos merecemos.

Porque nunca se amó

a sí mismo

y porque no se cuidó

-ni caricias ni abrazos-,

no pudo encontrar la paz,

nada consoló su desconsuelo,

no obtuvo su perdón,

ni una sonrisa en el alma

o en el espejo.

Porque nunca vivió

como le hubiera gustado

-como protagonista de su vida-,

llegó al Tiempo de los Arrepentimientos

con quejas suficientes

y eso se convirtió en tristeza,

en un pecado imperdonable,

en un dolor infinito

que ningún Dios pudo consolar

y ningún diablo quiso comprar.

Porque nunca fue él mismo

-sólo un cobarde que ocupó su sitio-,

acumuló reproches y penas,

vacíos y silencios,

y lloró hasta su último día

y se fue cargando de tristeza

y vaciando de sí mismo.

Deja una respuesta