Caminar
con paso tambaleante
por un camino indeciso,
sin luz ni futuro
-nada que sentir, nada que sufrir-,
pero con miedo
a lo que pueda ser,
a todo
-la noche en el día,
el infierno en el alma-,
despedirse del mundo
de la mejor manera
-abrazos y flores-,
firmar la paz con la vida,
firmar un contrato con la muerte
-contrato indefinido-,
recoger las huellas dejadas,
los ecos de nuestras voces,
romper las fotos,
borrar todas las memorias
donde uno siga alojado…
y partir.