Aquellos gritos destruyeron la paz,
la quietud de siglos,
el aire petrificado,
y todos buscaron el origen,
la garganta alterada,
la desesperación,
y no encontraron
nada más que la noche,
la nada oscura;
a punto estaban de olvidarlo
cuando se repitieron los gritos,
más desgarrados,
más desgarradores,
rotos y con aristas cortantes;
se adivinaba el dolor,
la historia sin palabras,
la queja y el quebranto,
y se estremecieron todos,
se miraron entre ellos,
en silencio,
y cada uno regresó a su sueño
llevándose, imborrable,
el eco de aquellos gritos
que destruyeron la paz,
la quietud de siglos,
y el aire petrificado.