Me equivoqué.
Así resumió toda su vida.
Dos palabras.
Ochenta años cabían en dos palabras.
Despareció lo bueno y lo bello,
que también lo hubo.
Quedó la tristeza.
Quedó una pena incrustada
que sólo sabía repetir
me equivoqué.
Quedó un llanto invisible imparable,
una nube negra en la mirada,
un arrepentimiento asesino,
un peso en el alma.
Quedó un corazón roto
y el rastro de los viajes al pasado
en el que nada pudo cambiar.
Me equivoqué, dijo nuevamente.
Sí, me equivoqué.