Voy a hacer un pacto con el olvido,
a cambio de un pasaje al infierno,
para que no se lleve de mi memoria
ni uno solo de tus besos,
ni la más fugaz o la más profunda mirada,
ni una sonrisa,
ni un solo ángulo de tu desnudez.
Que me robe y borre a conciencia
otros hitos de mi vida;
que se lleve mi nombre,
o haga que me olvide de mí,
pero tus palabras, no;
el tacto de tu piel amelocotonada, no;
la humedad inmejorable de tu boca, no.
Que me grabe a fuego tu nombre,
que escuche tu risa hasta en mis sueños,
y que me acompañes, noche y día,
por todas las vidas.
Negociaré que pueda verte cada día
en los espejos o en todas las mujeres;
que se mantenga intacta tu imagen,
que pueda recordar tu aroma,
el tamaño justo de tus pechos,
la curvatura de tus caderas,
el tono de tus susurros,
tu sudor de hembra embravecida
y tus jadeos tímidos de monja.
Que tu ausencia me sea dulce,
que la distancia sea sólo física,
que el resto de mi vida en que no estarás
me seas inolvidable.
Que recuerde siempre con cariño
cómo te conocí,
cuánto te deseé,
y todo lo que compartimos.
Que los lunes sigan siendo mágicos,
que te sienta acostada a mi lado,
que me digas que me deseas,
que alguna vez se me despierte la lujuria
a la misma hora que a ti,
y podamos encontrarnos
con la mágica imaginación
en un lugar tranquilo,
a solas,
vestidos con nuestra desnudez
que el resto ya lo ponemos nosotros.
Le pediré al olvido, expresamente,
que deje intactas las imágenes de aquel espejo
donde nos reflejamos juntos
y donde tú te veías excitada y bella;
que no quite el número siete de la puerta,
que no apague las velas,
que no vacíe la bañera,
y que nuestros abrazos no nos separen
aunque la vida sí lo haga.
Le exigiré al olvido que respete
lo que con tanto amor construimos;
que nos siga guardando el secreto,
que seamos invisibles al mundo,
que sepamos conformarnos.
Que la música de “Mar adentro” no se acabe,
que “El amor en los tiempos del cólera” sea nuestro himno,
y Diana Krall se venga con nosotros,
y se vengan las fotos que cuentan tu vida,
el burrito escandalizado,
y las mantas, por si acaso,
por si persiste el frío de tus pies,
por si te duermes a mi lado,
o me duermo a tu cuidado,
o nos durmiéramos abrazados
en otras eternidades.
Que pueda tenerte a mano
cada vez que me apetezcas,
o cuando el destino haya cumplido sus designios
y estemos separados;
cuando las noches sean eternas,
cuando necesite saber que la vida me premió,
y que me encontré con un ángel
y con la más dulce y amorosa diabla,
y con los besos más intensos
y el amor más puro;
cuando mi alma no sepa dónde consolarse,
o mi corazón necesite cobijo.
Que consiga tenerte a mano
en las noches de tormenta,
cuando me envuelvan las pesadillas,
cuando la nostalgia se presente,
o cuando busque compañera para otra vida.
Que pueda tenerte a mano
cuando necesite una abrazo de los nuestros,
al acercarme a mi último instante
y al despedirme cuando me vaya con la muerte.
Le rogaré encarecidamente
que me reserve el recuerdo de tu boca abierta
diciendo con un gesto asombrado
ante la presencia de tu excitación
“no me lo puedo creer”.
Que respete en mi memoria
el silencio prudente de tus orgasmos,
el ansia desesperada de querer más,
la insaciabilidad de tu lujuria,
el fuego de tu cuca,
la avaricia de tu boca al besarme
y al llenarse de mí;
que ponga a salvo tus labios mullidos,
y tu lengua,
juguetona al besarme
y sabia al recorrerme.
Que consiga que mi ansia de ti no se desbrave
a pesar de los años de mi edad;
que salve la erección portentosa
y que no la derriben los años,
y que guarde a buen recaudo
la satisfacción de que iba a explotar,
y tu voz pidiéndome que lo hiciera en tu boca.
Le amenazaré con que no se le ocurra tocar
los archivos de las nostalgias
relacionadas con tu nombre,
ni aquellos que contengan los sueños en que te soñé,
ni los que ponga “LUNES POR LA MAÑANA”.
Quiero poder recuperar cada vez que lo pretenda
la emoción de enamorado primerizo,
contar hacia atrás desde cada lunes
los minutos que faltan para el siguiente lunes;
escuchar tu voz al teléfono,
leer tus mensajes incendiarios,
tratar de aclarar tus dudas,
enviarte luz y energía,
cuidarte en la distancia.
Quiero escuchar mil veces tus chistes,
la algarabía comedida de tus risas,
hurgar en tu pelo ensortijado,
sentir tus respiraciones agitadas,
o aquietadas mientras duermes;
ver tu cara transfigurada por el placer
y las sonrisas tristes de las despedidas.
Le pediré con humildad
que no vacíe mi mente,
ni mi vida,
de ti.
Que pervivas y perdures para siempre,
sin dolor,
y que pensar en ti sea,
por los siglos de los siglos,
una sonrisa,
una lágrima dulce,
y un recuerdo lleno de amor.