Detrás de un silencio muy disciplinado
están agazapados mis complejos.
Les llamaría miedos,
pero esa verdad tan contundente me asusta mucho.
El autoengaño es muy seductor.
Detrás de un silencio maligno
me escondo de la realidad.
No tener que vivir mi vida me aliviaría.
Dejar mis problemas en el limbo
es lo que más ansío.
Eso es no ser yo,
pero es lo que en este momento quiero
y yo soy lo que no quiero.
Mi vida es mi condena.
Y esto suena como una pérfida ironía.
¿Cómo puedo huir de mí?
¿Puedo presentar la dimisión de mi vida?
¿Cómo puedo deshacerme de la mente?