Me prometí un mundo de más colores,
un futuro sin límites, una vida sin destrozos.
Me prometí cuidarme cada día,
abrazarme cada tarde,
y cada noche arroparme con mimo
y decirme con cariño “hasta mañana”.
Me prometí para nada.
Incumplí todas las promesas.
Asolé el mundo de las promesas.
Eludí y olvidé mi palabra.
Sigo desoyendo la voz de mi conciencia,
sigo siendo mi malvado enemigo,
sigo matando a traición mis esperanzas.
Si yo creyera en mí,
en este momento de calma me haría la promesa eterna
de cuidarme respetarme acompañarme,
ser fiel a mis principios,
honrado con mi alma,
caballero con el compromiso,
feliz en mis entrañas,
confiado en mi presente,
confiado en mi mañana,
y lo cumpliría aunque el premio fuese
dejar de sufrir.