Lluvia o llanto

Y entonces comenzó a llover.

Hasta ese momento

la nubes se habían quedado sólo en la congoja

y no se atrevieron al llanto.

Su oscuridad evidente

proclamaba su tormenta interior,

el ir y venir de reproches,

la indigestión de las palabras hirientes,

la rabia en forma de rayos,

los insultos en forma de truenos.

El sol intentó penetrar,

encontrar un resquicio

o una ventana mal cerrada,

pero no lo consiguió

y tuvo que rendirse.

Y entonces comenzó a llover

y nada consoló a las nubes

y en los tres días siguientes

llovió y llovió.

Lloró y lloró.

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