Esta soledad,
y este pasar tanto tiempo solo,
me enfrentan
-sin yo buscarlo ni quererlo-
a pensamientos autónomos e inconscientes
que me dejan
entre la espada del dolor
y la pared de la incomprensión.
No entiendo mi vida
ni mi papel en ella.
Las cosas me han ido sucediendo
a pesar de mí y sin contar conmigo.
Soy un pelele
-lo reconozco y admito-
en las manos desconocidas
del desconocido destino,
del amor o el desamor,
del mundo y la vida.
No sé dónde está el timón
ni cuál es el rumbo.
Cualquier muro es bueno para estrellarse.