Todos llevamos dentro un vacío,
unas maletas,
una dicha o esperanza,
un desierto inabordable,
una luz a media luz,
un dragón, una luciérnaga,
miles de preguntas danzando,
una Reina y un Inquisidor.
Para controlar ese mareo,
qué locura o qué ironía,
disponemos de una mente,
enemiga o sólo desconocida,
que no siempre colabora,
que a veces es valiente,
a veces es suicida.
También están los sentimientos,
una paradoja pujante,
o empujante,
que nos bambolea a su gusto
del uno al otro confín:
de la Gloria a la nada,
del llanto hasta Dios,
del miedo a la risa,
del Amor al delirio.
Entrar dentro de uno
es una aventura o una locura,
una necedad o una necesidad,
un riesgo necesario para poder seguir,
rotos o intactos,
sólo revueltos o realmente asustados.
Vivir es una maraña,
un oficio desconocido,
un poco a poco sin retroceso,
un camino hacia mañana.
Dentro de cada uno
llevamos una sorpresa que hay que descubrir.