Somos,
sin saberlo,
sin ser nada conscientes de ello,
los protagonistas de toda una vida,
la nuestra,
haciendo todos los papeles,
de niño a anciano,
de feliz a desesperado,
de perdido a perfecto.
Somos
emisarios de nuestros miedos
chapoteando en el presente,
suplantándonos,
robándonos inmunemente.
Somos
impostores enfundados en un personaje,
disfrazados de quienes no somos,
asustados detrás de una sonrisa,
llorando detrás de las carcajadas.
Somos,
sin saberlo,
gran parte de nuestra vida, no de toda,
fabricantes de pasado,
huérfanos de claridad…
¿o sólo espectadores invitados?