Se podría decir que la vejez es…
un páramo o un oasis
dependiendo de las circunstancias personales.
Hay luz o tristeza,
hay ánimos o dolor,
amaneceres que presagian felicidad
o tormentas que rugen en cada segundo;
sombras que se agradecen, por el sol,
y sombras que envuelven y engullen;
hay magia y maravillas
enrocadas en la sonrisa
y hay muecas de tragedia
fosilizadas en algunos labios.
Desde la atalaya de la experiencia,
desde este lugar privilegiado
al que sólo se llegan con los años,
para lo que no hay atajos,
veo los años precedentes
y me rompo sufro muero.
Entonces, de joven,
no sabía nada.
Y ahora tampoco.