{"id":2481,"date":"2021-09-17T12:43:09","date_gmt":"2021-09-17T12:43:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/?p=2481"},"modified":"2021-09-17T12:43:09","modified_gmt":"2021-09-17T12:43:09","slug":"rota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/2021\/09\/17\/rota\/","title":{"rendered":"Rota"},"content":{"rendered":"\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El espejo, tan cruelmente sincero, le devolvi\u00f3 una dram\u00e1tica imagen: la de una mujer que a\u00fan no hab\u00eda consumido cuarenta a\u00f1os pero ya acumulaba una derrota de muchas vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante esa visi\u00f3n, cerr\u00f3 los p\u00e1rpados.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El izquierdo con m\u00e1s dificultad, porque era el que hab\u00eda recibido los dos pu\u00f1etazos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No era la primera vez.&nbsp;<em>Ni la \u00faltima<\/em>, a\u00f1adi\u00f3 la voz de su pensamiento. Le volvi\u00f3 a doler, m\u00e1s que el martirio de la en\u00e9sima paliza que hab\u00eda recibido de su marido, el dolor de su resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abri\u00f3 los p\u00e1rpados.<\/p>\n\n\n\n<p>El izquierdo, levemente.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de la cortina de llanto en su ojo derecho, de un modo difuminado y turbio, pas\u00f3 revista a los desperfectos que le hab\u00eda causado. Su pelo, tan preciado, estaba descabellado. Su boca era el manantial del que se alimentaba un riachuelo de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Se entretuvo en remeter la blusa para evitarse el trance de ocupar la vista y el dolor en mirar su cara, que hab\u00eda recibido la mayor\u00eda de los impactos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese mismo momento Ram\u00f3n estaba viendo la televisi\u00f3n. Seguramente ya habr\u00eda olvidado la retah\u00edla de insultos que hab\u00eda gritado, y habr\u00eda borrado de su conciencia la barbarie de los golpes con los que quer\u00eda castigar su propia frustraci\u00f3n; quiz\u00e1s habr\u00eda encontrado una mentira para justificar los hechos, y lo \u00fanico que le dol\u00eda, de lo que hab\u00eda sucedido, era el pu\u00f1o, por un golpe en el que hab\u00eda puesto demasiada fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella, encerrada en el ba\u00f1o, su refugio tard\u00edo, reiniciaba otro llanto, silencioso para no llamar la atenci\u00f3n de los vecinos, y volv\u00eda a martirizarse con la frase insolvente de que era la \u00faltima vez que se lo consent\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si hubiera sumado todas las veces que se hab\u00eda prometido eso mismo, al verlas juntas posiblemente se le hubiera roto la dignidad por la verg\u00fcenza y no hubiera sido capaz de encontrar consuelo ni en la debilidad de su condici\u00f3n femenina ni en las palabras de su madre que le repet\u00edan que las mujeres nacen predestinadas a la resignaci\u00f3n y el maltrato, y que la \u00fanica autoridad para deshacer el matrimonio es la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se le hab\u00eda sublevado una maldici\u00f3n hacia su madre por haberla condenado a esa mansedumbre, a esa rendida derrota, y a veces encontraba un in\u00fatil consuelo en pensar que si no la hubieran educado de esa manera, si le hubieran hablado de derechos y de igualdades, ahora no estar\u00eda enzarzada de nuevo en ese laberinto de los pensamientos que no encuentran final satisfactorio, y no estar\u00eda gritando en silencio para no delatarse, que ese era otro pesar: no poder gritar su dolor a un mundo que no quiere escuchar lo desagradable.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si alguna vez, ampar\u00e1ndose y confiando en el secreto de la confesi\u00f3n,&nbsp; se hab\u00eda atrevido a confiar en sus amigas, a las que no pod\u00eda ocultar los moretones delatores, no hab\u00eda encontrado la interlocutora valiente que la hubiera animado a deshacer ese matrimonio doliente e innecesario, sino que se hab\u00eda encontrado con otras esposas con su misma sumisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La \u00fanica vez que reuni\u00f3 las migajas de su valent\u00eda y se acerc\u00f3 a una Comisar\u00eda de Polic\u00eda, no encontr\u00f3 comprensi\u00f3n sino el recitar desganado de las leyes en la voz mon\u00f3tona de un funcionario m\u00e1s interesado en terminar su turno que en mostrar empat\u00eda con aquella mujer llorosa que no encontraba el orden para las ideas ni las palabras y ocultaba la cara entre las manos, as\u00ed que sali\u00f3 a\u00fan m\u00e1s reafirmada en su convicci\u00f3n de que no ten\u00eda soluci\u00f3n, y que el destino se hab\u00eda empe\u00f1ado en repetirse incansablemente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab\u00eda otro duelo a\u00f1adido, y era el de tener que meterse en la cama con el mismo tipo que poco antes le hab\u00eda pegado, porque \u00e9l no la permit\u00eda quedarse en el sof\u00e1, ni en la cama de la hija que muri\u00f3 cuando ten\u00eda siete a\u00f1os, sino que la obligaba a meterse con \u00e9l, le prohib\u00eda expresamente que gimoteara, que sollozara, que suspirara, se daba la vuelta y le deseaba&nbsp;<em>buenas noches<\/em>;&nbsp;<em>buenas noches&nbsp;<\/em>&nbsp;insultantes, porque equival\u00edan a decir aqu\u00ed no ha pasado nada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces comenzaba una noche larga y desordenada en la que se mezclaban los sue\u00f1os m\u00e1s tr\u00e1gicos con los m\u00e1s esperanzadores, campeaban sin control los pensamientos de rebeli\u00f3n m\u00e1s osados con la realidad de su rendici\u00f3n incondicional, y se mezclaban en una amalgama imposible las oraciones de desamparo con las tambaleantes promesas de redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El amanecer la encontraba en una duermevela&nbsp; hecha a base de las horas sin dormir, el cansancio mental y la pesadez del cuerpo dolorido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l se levantaba cuando sonaba el despertador, la miraba sin mirarla, sin decir ni preguntar nada, se vest\u00eda de su traje impecable, entraba en la personalidad del director comercial que se com\u00eda el mundo de los negocios, y abandonaba el hogar dej\u00e1ndola sumida en su m\u00e1s \u00edntimo desprecio, expuesta al despojo y la rapi\u00f1a de su propia crueldad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ella era otro momento id\u00f3neo para sabotearse, para seguir ahondando en la humillaci\u00f3n y el autodesprecio, para rescatar el pensamiento y el deseo de suicidarse, ya que no le quedaba nada bueno en el mundo. Era el momento de echarle a Dios en cara su abandono, su injusticia paterna, el destino de mierda que le hab\u00eda dado, el robo de su hija Clara cuando acababa de cumplir siete a\u00f1os de dar satisfacciones, llev\u00e1ndose toda la felicidad; se llev\u00f3 con ella la parte del futuro que conten\u00eda la alegr\u00eda, el resorte de producir sonrisas, el sonido de las carcajadas, el brillo deslumbrante de los ojos ahora ahogados; se llev\u00f3 toda la vida, y la dej\u00f3 con ese hombre que la maltrataba sin motivo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Dios es injusto<\/em>, dec\u00eda desde su desaz\u00f3n. Dios no era el todo amor del que le hablaron las monjas mustias. Dios era el demonio con otro nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se asom\u00f3 a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abajo, once pisos m\u00e1s abajo, el suelo la llamaba con su promesa de cambiarle el descanso en la oscuridad eterna por su vida apagada, de darle la paz a cambio de su vida, de reunirle con la hija de su amor si saltaba en un vuelo de ojos cerrados y alas plegadas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algo, o un alguien muy interno que la cuidaba, la obligaba con cuidado a cerrar la ventana y a desistir de la idea.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resto del d\u00eda del resto de los d\u00edas era una ausencia y un vac\u00edo enorme en el que ella no habitaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cada d\u00eda sal\u00eda a la calle, escondida tras las gafas negras y el maquillaje de camuflaje, compon\u00eda una mueca triste para agradecer la atenci\u00f3n de la panadera, hac\u00eda las compras cotidianas, deambulaba sin sentido por las calles, y volv\u00eda a casa a tiempo para preparar la cena de su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le pon\u00eda la comida, se sentaba frente a \u00e9l con la mirada asolada, contestaba con monos\u00edlabos a los intentos de crear una incierta buena relaci\u00f3n, en un reconcomio silente, en una evasi\u00f3n continua de la realidad, y rezando al sue\u00f1o para que la rescatara de la no vida que ten\u00eda que vivir, porque su vida era un vac\u00edo obstinado en no encontrar la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunas noches entraba su hija en los sue\u00f1os, y eran noches de llantos como mares. Clara la animaba, dec\u00eda que ten\u00eda que seguir adelante, que ten\u00eda que buscar la felicidad en otro sitio, que abandonara su c\u00e1rcel y se lanzara a rellenar su biograf\u00eda de episodios distintos, y ella, envalentonada, le promet\u00eda que as\u00ed lo har\u00eda, que conseguir\u00eda que se sintiera orgullosa de ella como madre y como persona, y se compromet\u00eda a despertarse con el \u00e1nimo decidido, con la vitalidad vigorosa, con la fortaleza recia, y con esperanza, aunque todo ello se difuminaba con el sue\u00f1o, y al despertarse s\u00f3lo ten\u00eda una sonrisa vaporosa, casi alelada, y un vago regusto dulce.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El d\u00eda diecisiete, como todos los d\u00edas diecisiete, compr\u00f3 un ramo de margaritas grandes, las preferidas de Clara, y fue a llev\u00e1rselas y a buscar en ella el consuelo silencioso record\u00e1ndola hasta rayar el disco obstinado de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se puso de rodillas frente a su tumba, como hac\u00eda siempre, pero como sinti\u00f3 que temblaba toda entera, se tuvo que sentar en el suelo y recostarse para recuperar el alma. Mir\u00f3 a su alrededor, buscando socorro, pero no vio alguna persona, y poco despu\u00e9s vio la nada y su consciencia la abandon\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed, estaba recogida en los brazos de un hombre que se esforzaba en rescatarla de donde estuviera, que le hablaba en voz alta para traerla a la vida, sofocado y sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando la vio abrir los ojos, y la oy\u00f3 preguntar&nbsp;<em>d\u00f3nde estaba<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>qu\u00e9 le hab\u00eda pasado<\/em>, respir\u00f3 m\u00e1s tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Vaya susto que me ha dado, se\u00f1ora \u2013fueron sus primeras palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfQu\u00e9 me ha pasado? \u2013repiti\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; La he encontrado ca\u00edda en el suelo, desmayada.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No s\u00e9 qu\u00e9 me ha pasado \u2013se disculp\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfSe encuentra bien?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Creo que s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Si puede levantarse, la acompa\u00f1o a una cafeter\u00eda para que tome algo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Muchas gracias \u2013dijo mientras se incorporaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l, para sujetar sus tambaleos, la agarr\u00f3 por la cintura durante el trayecto hasta su coche. Ella, a pesar de estar a\u00fan conmocionada, sinti\u00f3 la presi\u00f3n de su mano, el roce con su cuerpo, la atenci\u00f3n cuidadosa y la mirada ahora sonriente: todo eso lo ten\u00eda olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sorprendi\u00f3 de estar m\u00e1s atenta a las emociones reci\u00e9n despertadas que a averiguar su desmayo. Se le estaban desempolvando en la memoria los recuerdos de cuando estrenaba amor y agitaciones, de cuando sent\u00eda un escalofr\u00edo con el contacto de su \u00fanico novio, de cuando se met\u00eda en la cama al llegar a su casa, se tapaba con las s\u00e1banas hasta desaparecer, y cerraba los ojos con fuerza para concentrarse en volver a provocar el terremoto emocional, en repetir cada una de las palabras que \u00e9l le hab\u00eda dicho, en traer otra vez a la vida el gusto y el regusto de sus besos.<\/p>\n\n\n\n<p>A su lado, el se\u00f1or conduc\u00eda y al mismo tiempo la miraba, le enviaba el \u00e1nimo en su sonrisa, y le preguntaba una y otra vez, como si no hubiera otra cosa que preguntar, c\u00f3mo se encontraba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella le devolv\u00eda otra sonrisa silenciosa y se volv\u00eda a sumergir en el laberinto de su recuerdo, cerraba los ojos, se escapaba de su cuerpo hacia el pasado, toqueteaba aquel aire enamorado, recorr\u00eda cada uno de los caminos que recorrieron juntos, se emocionaba en ese mundo de fantas\u00eda, y as\u00ed estuvo, durante un tiempo que se le escap\u00f3 a la medida de los relojes, hasta que distingui\u00f3 de entre todas las palabras que no estaba escuchando una que le sac\u00f3 con brusquedad de su ensue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfHa o\u00eddo lo que le he dicho? \u2013pregunt\u00f3 al no recibir respuesta a su pregunta anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Perdone, no lo he o\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Le preguntaba si quiere que llame a su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No, gracias \u2013dijo visiblemente alterada- ya me encuentro bien, y en cuanto tome un caf\u00e9 estar\u00e9 mejor. A veces me baja la tensi\u00f3n y se me va un poco la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se ape\u00f3 antes que ella. Se acerc\u00f3 a su puerta y la abri\u00f3. Le tendi\u00f3 la mano, y ella sinti\u00f3 el contacto de la mano que en sus sue\u00f1os la rescataba de su realidad y la devolv\u00eda al mundo feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>La cogi\u00f3 del brazo con naturalidad, como si llevaran a\u00f1os cogidos del brazo, y llegaron hasta el interior de la cafeter\u00eda. Estaban pr\u00e1cticamente solos. El aire repart\u00eda m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfLe gusta lo que est\u00e1 sonando?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; S\u00ed me gusta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfLe gusta Mahler?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Lo siento, conozco la m\u00fasica pero no al autor.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mahler, Sinfon\u00eda n\u00ba 5 en do sostenido menor, Adagietto: molto lento.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me gusta mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Yo la titulo \u201cm\u00fasica para ver llover\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Muchas gracias por todo lo que est\u00e1 haciendo por m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; De nada. Me asust\u00e9 mucho cuando la encontr\u00e9 en el suelo. Al principio pens\u00e9 que estar\u00eda usted muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Quiz\u00e1s haya sido por la tensi\u00f3n de estos \u00faltimos d\u00edas, y&#8230; por el recuerdo de mi hija. Muri\u00f3 cuando ten\u00eda siete a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l le habl\u00f3 de la casualidad, porque tambi\u00e9n una hija suya hab\u00eda muerto con siete a\u00f1os en un accidente, junto con su esposa, por eso estaba en el cementerio, y le pregunto si cre\u00eda en las casualidades, y como ella le contest\u00f3 que s\u00ed, y aunque parec\u00eda no estar muy entusiasmada con charlar, crey\u00f3 que lo mejor que pod\u00eda hacer hasta que estuviera m\u00e1s recuperada ser\u00eda distraerla. Hizo que se tomara dos caf\u00e9s, la dej\u00f3 que hablara lo poco que quiso hablar, con palabras sueltas y separadas en el tiempo, como si no pudiera hilvanar frases o ideas, pero comprendi\u00f3 que su situaci\u00f3n no era de normalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando le pareci\u00f3 que era conveniente, le pregunt\u00f3 otra vez que si quer\u00eda llamar a su marido para que viniera a recogerla, y como not\u00f3 un gesto inconsciente de retraimiento cuando se lo dijo, se ofreci\u00f3 para llevarla hasta su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfTiene usted prisa? \u2013pregunt\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ninguna.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfLe importa si nos tomamos otro caf\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ni que tomemos mil \u2013sonri\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces ella empez\u00f3 a hablar un poco m\u00e1s tranquila. Se le hac\u00eda extra\u00f1o hablar con personas desconocidas, y a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1o hablar con un hombre, y darse cuenta de que lo estaba haciendo le produjo una sensaci\u00f3n agradable. Despu\u00e9s pens\u00f3 que ese hombre no le parec\u00eda un hombre, y aunque no supo explicarse a s\u00ed misma lo que eso quer\u00eda decir, supo que era bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablaron de sus hijas, con mucho cuidado para no alterar la emotividad. Las l\u00e1grimas quisieron certificar lo que dec\u00edan cuando hablaban de la a\u00f1oranza y del vac\u00edo irrellenable, pero fue suficiente con que se humedecieran ligeramente los ojos para que ambos se dieran cuenta de que profundizar en ese tema les llevar\u00eda a una situaci\u00f3n poco apropiada para ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l habl\u00f3 de la falta de su esposa, de la que estuvo muy enamorado, y ella le acompa\u00f1\u00f3 en el dolor al mismo tiempo que se acompa\u00f1aba en su propio dolor por la falta de un marido como ese hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, para tratar de aliviar la tensi\u00f3n, para rescatarse de la tristeza, teorizaron sobre los deseos, sobre la infancia y las ilusiones. \u00c9l se re\u00eda mucho. Hab\u00eda empezado a apostillar con frases simp\u00e1ticas y acotaciones ingeniosas alguna de las cosas que ella dec\u00eda, y hab\u00eda logrado hacerla sonre\u00edr t\u00edmida y vergonzosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me gusta su sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sonroj\u00f3 como una ni\u00f1a. No supo d\u00f3nde depositar su mirada para que \u00e9l no pudiera verla. Estuvo buscando algo que decir, algo que fuera apropiado, algo que no delatara su turbaci\u00f3n, pero no encontr\u00f3 mas que el acto infantil de mirar a todos lados sin mirar a ninguno, y le pidi\u00f3 disculpas para ir al ba\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Se mir\u00f3 en el espejo: a\u00fan le duraba el rubor.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a comprobar que hab\u00eda cerrado bien el pestillo. Se sent\u00f3 sobre la tapa de la taza del retrete para poder indagar tranquilamente en su nerviosismo. Se levant\u00f3 nuevamente y volvi\u00f3 al espejo para ver su rostro. Intent\u00f3 una sonrisa, para ver por qu\u00e9 le hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n a \u00e9l, pero esta sonrisa no fue natural y no le pareci\u00f3 convincente. Busc\u00f3 qu\u00e9 pod\u00eda hacer para producirse otra, m\u00e1s aut\u00e9ntica, y pens\u00f3 en la mirada con que la mir\u00f3 cuando se lo dijo, en el tono de su voz tan firme, y en su sonrisa, y fue su sonrisa, contagiosa, la que hizo florecer una como la que le hab\u00eda gustado a \u00e9l, y dej\u00f3 que se alargara cuanto considerara necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sorprendi\u00f3 de ese bienestar que la llenaba, y entonces sali\u00f3 de la nube, bruscamente cambi\u00f3 de estado, y se reprendi\u00f3 por lo que acababa de hacer y lo que acababa de pensar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 muy seria. Se acerc\u00f3 a \u00e9l y dijo, muy secamente, que se ten\u00eda que marchar, que se encontraba bien pero se le hab\u00eda hecho muy tarde; le repiti\u00f3 su agradecimiento, insisti\u00f3 en pagar los caf\u00e9s pero \u00e9l le pidi\u00f3 que le permitiera invitarla, y le pregunt\u00f3 si hab\u00eda dicho algo inconveniente, algo que la hubiera molestado, si la hab\u00eda ofendido. Ella insisti\u00f3 en la prisa, dijo que coger\u00eda un taxi, y le dio nuevamente las gracias por todo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me llamo Jorge.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Yo me llamo Mar\u00eda. Disc\u00falpeme por no haberme presentado antes. Muchas gracias nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 corriendo, sin mirar atr\u00e1s. Estaba azarada, confusa, pensando que ella no era ella, o por lo menos que quien hab\u00eda sentido esas emociones no era ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Su marido no la mir\u00f3 cuando lleg\u00f3 a casa, como era habitual, pero si se hubiera fijado no habr\u00eda encontrado las huellas de lo que hab\u00eda pasado ese d\u00eda, ya que se hab\u00eda encargado de borrar a conciencia todo, lo bueno y lo malo, porque la imaginaci\u00f3n de sus deseos hab\u00eda volado m\u00e1s de lo que le estaba permitido, acerc\u00e1ndose peligrosamente a los sue\u00f1os prohibidos. Ella estaba convencida de que hay personas que nacen para ser infelices y lo ser\u00e1n siempre aunque se empe\u00f1en en intentar lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l tuvo una noche tranquila: hab\u00eda f\u00fatbol en la televisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella alarg\u00f3 el momento de irse a la cama. Cuando el silencio y la noche se hubieron adue\u00f1ado de la casa y del mundo, busc\u00f3 a Mahler en la colecci\u00f3n de discos, y le encontr\u00f3. Se puso los auriculares, se recost\u00f3 en posici\u00f3n fetal en el sof\u00e1, cerr\u00f3 los ojos, abri\u00f3 los o\u00eddos del alma, y se dej\u00f3 llevar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poco despu\u00e9s ella estaba en el campo, llov\u00eda, y la m\u00fasica sonaba como si el cielo se hubiera llenado de grandes altavoces. Llov\u00eda para acompa\u00f1ar a la m\u00fasica, para que el t\u00edtulo con que \u00e9l hab\u00eda bautizado la Sinfon\u00eda n\u00ba 5 tuviera raz\u00f3n. Pero no se estaba mojando: el agua se apartaba como si un paraguas invisible la protegiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperaba, emocionada, que apareciera Jorge. Una voz en su interior la acus\u00f3 de ser una tonta so\u00f1adora que estaba haciendo una chiquillada, pero se rebel\u00f3 contra la tiran\u00eda de su propia inquisici\u00f3n y se permiti\u00f3 seguir bajo la lluvia, ilusionada, bailando un baile de peonza, sonriendo sin miedo, volando y saltando en los charcos al mismo tiempo, despreocupada, esperando que se cumpliera el primero de los deseos que le conced\u00eda su hada madrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fondo de su imaginaci\u00f3n, pero acerc\u00e1ndose cada vez m\u00e1s, apareci\u00f3 \u00e9l. Se beneficiaba de la misma magia de ser respetado por la lluvia. Ven\u00eda sonriente, agitando las manos, agit\u00e1ndose todo \u00e9l, agit\u00e1ndola entera, desperez\u00e1ndola del aletargamiento de los \u00faltimos a\u00f1os, desenterrando sus emociones muertas, recuperando el amor proscrito, haci\u00e9ndole campanillear sus risas, insufl\u00e1ndole de nuevo la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg\u00f3 hasta ella, la abraz\u00f3 rodeando su cintura con cari\u00f1o, con deseo, con pasi\u00f3n, haci\u00e9ndola que se sintiera deseada, despertando su lujuria quieta; la bes\u00f3 como siempre hab\u00eda deseado ser besada: con una mezcla de dulzura y fiereza. La bes\u00f3 lentamente, perpetuamente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llen\u00f3 sus o\u00eddos de caricias, sus ojos de luz, su alma de paz, y su cuerpo de escalofr\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estaba en ese estado beat\u00edfico, rogando por su infinitud, cuando sinti\u00f3 un zarandeo, real, que la trajo bruscamente hasta el sof\u00e1. Su marido la agarraba del brazo y le ordenaba que fuera a la cama inmediatamente. Eso quer\u00eda decir que tendr\u00eda que satisfacer su deseo de sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se entreg\u00f3 sin pasi\u00f3n, como era habitual. Generalmente aprovechaba el momento del abuso sexual para rezar, o para recordar a su madre, y no sab\u00eda por qu\u00e9 aparec\u00eda ese recuerdo en esa situaci\u00f3n. A veces, aprovechaba para hacer una lista mental de las cosas que ten\u00eda que comprar en el supermercado. Cualquier cosa que hiciera era m\u00e1s c\u00f3moda que estar atenta a la humillaci\u00f3n, y cualquier distracci\u00f3n era menos dolorosa que asistir a su propia violaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cost\u00f3 trabajo quedarse dormida. Lo \u00faltimo que consigui\u00f3 pensar era que ten\u00eda que borrar de su pensamiento a Jorge y reintegrarse a su mierda de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despert\u00f3 con una tristeza amarga, y con el prop\u00f3sito, aparentemente firme, de no volver a pensar en Jorge, de no buscar refugio en el pensamiento. Tom\u00f3 dos caf\u00e9s, muy negros, y volvi\u00f3 a prometerse que ten\u00eda que romper, como fuera, su matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Como siempre, al llegar a la decisi\u00f3n heroica, cuando ya parec\u00eda que todas las fuerzas se hab\u00edan aunado en tan noble empe\u00f1o, una voz de su miedo, o una voz de la cordura, le recordaba unas palabras que hab\u00eda escuchado muchas veces con la promesa incuestionable de convertirse en realidad:&nbsp;<em>si me dejas, te mato<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se arregl\u00f3 con mucho cuidado; se prob\u00f3 varios vestidos hasta que encontr\u00f3 uno que le satisfizo. Se sorprendi\u00f3 de ese cuidado, de esa coqueter\u00eda en desuso, pero no le pareci\u00f3 mal, sino lo contrario. Sali\u00f3 a la calle. Observ\u00f3 que andaba encogida, como de costumbre, para intentar pasar desapercibida, y puso remedio: elev\u00f3 la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Not\u00f3 que se sent\u00eda m\u00e1s alta, y por eso m\u00e1s atractiva, y le pareci\u00f3 que respiraba mejor y que el futuro que antes terminaba en el suelo ahora llegaba hasta el infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00f3 una sonrisa, y se produjo naturalmente, porque a pesar de&nbsp; su prohibici\u00f3n hab\u00eda vuelto a pensar en Jorge. Entonces se dio cuenta de que hab\u00eda salido a la calle con el deseo de que se produjera el milagro de encontrarse con \u00e9l; se dio cuenta que deseaba verle, volver a escucharle, decirle todo lo que no le hab\u00eda dicho.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiso recordar todos los detalles de la conversaci\u00f3n, pero muchas cosas se hab\u00edan borrado en su memoria; hizo un esfuerzo para tratar de recordar si hab\u00eda hecho alguna referencia a alg\u00fan dato personal suyo; quiso recordar la marca del coche o la matr\u00edcula. Sinti\u00f3 una sensaci\u00f3n de agobio. Pens\u00f3 en volver al cementerio, para ver si se encontraba con \u00e9l, y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba idealizando a ese hombre que, en realidad, no hab\u00eda hecho por ella nada distinto de lo que hubiera hecho cualquier otra persona en la misma circunstancia. Se dio cuenta de que no hubo un detalle de \u00e9l que le hiciera alimentar todas las ilusiones que estaba engordando.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprob\u00f3 su vac\u00edo emocional, su desamparo, su pobreza de amor, la nada en la que viv\u00eda, y comprendi\u00f3 por qu\u00e9 quer\u00eda agarrarse a Jorge: no era algo real, pero esa ilusi\u00f3n era lo \u00fanico que ten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 apresuradamente a casa. Cay\u00f3 sobre la cama ensopada por su propio llanto, grit\u00f3 sin recato, aporre\u00f3 el colch\u00f3n, se ensa\u00f1\u00f3 en golpear a la almohada con la furia contenida de los \u00faltimos siglos de su padecer, maldijo todo lo humano y todo lo divino, derram\u00f3 las \u00faltimas l\u00e1grimas que le quedaban y, por fin, esper\u00f3 tumbada que se le amansara el revoltijo de sus emociones.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran m\u00e1s de las cuatro cuando se levant\u00f3. Por su cabeza hab\u00edan desfilado, por en\u00e9sima vez, los \u00faltimos a\u00f1os de su malvivir. Hab\u00eda revisado la relaci\u00f3n con su marido, c\u00f3mo aquel joven amoroso y atento hab\u00eda ido degenerando hasta llegar a lo que era hoy, como si un maleficio le hubiera castigado a \u00e9l y, m\u00e1s a\u00fan, a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 le hab\u00eda mentido? \u00bfpor qu\u00e9 no cumpl\u00eda sus promesas de amor y cuidado? \u00bfpor qu\u00e9 no la amaba? \u00bfpor qu\u00e9 la maltrataba?<\/p>\n\n\n\n<p>Par\u00f3 el runr\u00fan de las preguntas para evitar volver a la desesperaci\u00f3n anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Prepar\u00f3 algo de comida, aunque no ten\u00eda hambre. Se llev\u00f3 la bandeja a la sala y comi\u00f3 frente al televisor. Pas\u00f3 de uno a otro canal intentando encontrar algo interesante, pero era la hora de hablar de las vidas y las tonter\u00edas de los personajes cuyos nombres eran divulgados inmerecida e innecesariamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Apag\u00f3 el televisor. Puso la m\u00fasica de Malher, y se dej\u00f3 vencer.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas siguientes transcurrieron mientras ella luchaba entre recordar y olvidar a Jorge, decisi\u00f3n que se hab\u00eda resuelto a favor del olvido, que promet\u00eda ser menos doliente; hab\u00eda vuelto a rendirse a la condena de su malvivir, e incluso hab\u00eda decidido ser amable con su marido, para ver si de esa manera pod\u00eda evitar su martirio.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda diecisiete, como todos los d\u00edas diecisiete, compr\u00f3 unas margaritas grandes, las preferidas de Clara.<\/p>\n\n\n\n<p>La llegada al cementerio le trajo el recuerdo inevitable e inolvidable de Jorge. Mir\u00f3 disimuladamente a su alrededor tratando de encontrarle: en un secreto del que ni ella misma era consciente hab\u00eda alimentado la ilusi\u00f3n de que le encontrar\u00eda all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cont\u00f3 a Clara todo lo que hab\u00eda pasado desde la \u00faltima visita. Se lo cont\u00f3 m\u00e1s de una vez, porque alargaba el tiempo para darle m\u00e1s plazo a \u00e9l, para que pudiera llegar, para que se materializara, para que no la dejara el resto de su vida en la quemaz\u00f3n de so\u00f1ar con encontrarle de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se march\u00f3 a la hora de comer. Sigui\u00f3 esperando ansiosamente. Ya no pod\u00eda disimular que se le iba la vida en la espera. Recorri\u00f3 mil veces los pasillos flanqueados por tumbas, prob\u00f3 todos los pensamientos desesperados, rez\u00f3 a casi todos los santos, y se abati\u00f3 y se recompuso lastimosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Empezaba a anochecer cuando acept\u00f3 la derrota. Una de las muchas l\u00e1grimas que hab\u00edan estado intentando salir durante toda la tarde aprovech\u00f3 la rendija que dej\u00f3 la aceptaci\u00f3n indeseada de no volver a ver a Jorge, y escap\u00f3, silenciosamente, dejando un rastro amargado.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despidi\u00f3 de Clara. Repiti\u00f3 un Padrenuestro resumido, desganado, y emprendi\u00f3 el camino de regreso a su casa. Fue desmontando los sue\u00f1os que hab\u00eda concebido, olvidando las ilusiones, despidiendo al ut\u00f3pico futuro, entrando otra vez en su vida de mierda, como dec\u00eda ella, coloc\u00e1ndose la m\u00e1scara triste, y llorando sin l\u00e1grimas y sin sollozos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche fue la m\u00e1s larga de toda su vida, m\u00e1s larga que las noches que pas\u00f3 guardando el duelo y el luto por Clara, m\u00e1s larga que las noches que se hab\u00eda quedado despierta curando algunas de las heridas que le infligi\u00f3 su marido. M\u00e1s larga que las noches m\u00e1s infinitas.<\/p>\n\n\n\n<p>No comprend\u00eda nada, o no quer\u00eda comprender. Hab\u00eda hecho un mundo irrealizable de un encuentro casual, hab\u00eda sublimado a aquel hombre y le hab\u00eda convertido en el Mes\u00edas; hab\u00eda falseado la realidad, se hab\u00eda hipnotizado con un imposible y hab\u00eda cometido el peor delito: enga\u00f1arse a s\u00ed misma. Y ahora lo estaba pagando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No quer\u00eda perdonarse, no quer\u00eda aceptar que ten\u00eda derecho a un espejismo, a una fantas\u00eda; tampoco quer\u00eda aceptar que ya hab\u00eda sido bueno que pudiera sentir otra vez el viajar desbocado de la sangre por sus venas enamoradas, poder contar los latidos de su coraz\u00f3n alterado, sonre\u00edr como una bobona, poder sentirse deseada, aunque fuera en los sue\u00f1os de su imaginaci\u00f3n, y comprobar que sus capacidades de amar y de sentir segu\u00edan vivas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toda la noche interminable no fue suficiente para que se reconciliara y emitiera un perd\u00f3n; se empe\u00f1\u00f3 en castigarse para el resto de los a\u00f1os que le quedaran por vivir, y enterr\u00f3 los sentimientos en lo m\u00e1s oscuro de lo m\u00e1s oculto de lo m\u00e1s inaccesible.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al amanecer, si se hubiera mirado en un espejo, habr\u00eda visto su mirada muerta y la cara aut\u00e9ntica de la derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los siguientes d\u00edas no apareci\u00f3 ninguna esperanza, ni se present\u00f3 de nuevo el deseo de salir de su destrucci\u00f3n. Nada le importaba. Nada la conmov\u00eda. Nada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A punto estuvo de terminarse el siguiente d\u00eda diecisiete sin que se acercara a rezar y a\u00f1orar a Clara. Se acord\u00f3 mientras com\u00eda, cuando lo oy\u00f3 en la radio. Dej\u00f3 el plato casi lleno. Se visti\u00f3 apresuradamente, cogi\u00f3 un taxi, lleg\u00f3 sin las margaritas, angustiada, sintiendo que hab\u00eda estado a punto de cometer el pecado imperdonable de olvidarse de la inolvidable Clara.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le pidi\u00f3 perd\u00f3n una y otra vez. No encontraba las palabras ni la justificaci\u00f3n para lo que hab\u00eda pasado. Se sent\u00f3 en el suelo porque se not\u00f3 demasiado alterada, y no quiso que le pasara lo mismo que la otra vez. Cerr\u00f3 los ojos, acompas\u00f3 la respiraci\u00f3n, fue vaciando la mente de sus propios reproches, fue llenando la mente del recuerdo de Clara, de su cara sonriente, de sus primeras palabras, de los besos que le enviaba en un avi\u00f3n imaginario que recorr\u00eda la distancia que las separaba cuando ella jugaba con sus mu\u00f1ecas y Mar\u00eda la miraba. Fue calm\u00e1ndose, y su boca triste quiso sonre\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed estuvo mientras pudo, disfrutando el remanso, descansando de su propia fustigaci\u00f3n, entreg\u00e1ndose por completo a Clara, que no se merec\u00eda su pesadumbre y s\u00ed una tarde feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando abri\u00f3 los ojos vio a Jorge.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y su coraz\u00f3n, que en otras ocasiones s\u00ed hab\u00eda estado preparado para recibir el impacto de encontrarse de nuevo con \u00e9l, esta vez no supo contenerse y mantener su ritmo de latidos uniformes, sino que se embraveci\u00f3 e intent\u00f3 escaparse del pecho a trav\u00e9s de la piel.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211; Dijiste que ven\u00edas todos los d\u00edas diecisiete.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no pudo contestar. No encontraba las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; El mes pasado estuve en Par\u00eds y no pude venir a verte, pero he salido todos los d\u00edas a la calle con la esperanza de encontrarte; he recorrido la ciudad de arriba abajo a todas las horas, he volteado las calles y los comercios busc\u00e1ndote, y hoy estoy aqu\u00ed desde las ocho de la ma\u00f1ana, esper\u00e1ndote.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211; \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211; Porque deseaba volver a verte. Porque necesitaba estar contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211; Vaya&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Necesitaba verte.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Y yo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ayud\u00f3 a levantarse. La rode\u00f3 con sus brazos, como ya hab\u00eda hecho antes en los sue\u00f1os de la imaginaci\u00f3n, y la bes\u00f3 sin necesidad de explicaciones y sin pedir permiso. La bes\u00f3 con pasi\u00f3n calmada, primero el cuello, despu\u00e9s recogi\u00f3 sus l\u00e1grimas con los labios, bes\u00f3 sus ojos, bes\u00f3 su sonrisa nerviosa y, por fin, sus labios ansiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella le bes\u00f3 del mismo modo apasionado que besaba a\u00f1os antes. Sin verg\u00fcenza y sin pedirse explicaciones. Sin miedo. Sin remordimientos. Como si llevara toda su vida esperando estos besos, como si la raz\u00f3n de su vida fuera besar a ese desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s hablaron, atropell\u00e1ndose, de la locura que acababan de cometer, de cu\u00e1nto hab\u00edan pensado el uno en la otra y viceversa, de c\u00f3mo deseaban seguir conoci\u00e9ndose, entrando en la otra vida; del despertar de las emociones aletargadas, de la ocupaci\u00f3n abusiva y exclusiva de los pensamientos por parte del otro, de c\u00f3mo hab\u00edan repetido sus nombres, nombr\u00e1ndolos para que a la llamada del deseo se convirtieran en realidad; de c\u00f3mo se hab\u00edan buscado, y del miedo de no volverse a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego, m\u00e1s serenos, volvieron a repetir que era una locura lo que les estaba pasando, una sinraz\u00f3n, pero ninguno quiso olvidar al otro, ni salir corriendo, ni rendirse a otro futuro tratando de borrar su breve pasado en com\u00fan, sino que se entregaron a vivirse como si fuera la continuaci\u00f3n de una historia que hubiera comenzado en otra encarnaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00edan olvidado de los primeros pasos en la dicha de enamorarse, y para acertar no les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que rendirse y dejar que fuera la inocencia quien les marcara el camino, que fuera el amor quien dictara las palabras, las miradas, y quien gobernara sus corazones maltrechos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por eso llenaron con silencios muchos de los primeros momentos que estuvieron solos, porque no era necesario redundar con explicaciones lo que dec\u00eda el modo de contemplarse, y porque ninguna palabra explicaba mejor esa sensaci\u00f3n tan indefinible de sentirse bien al lado de otra persona, sin m\u00e1s, sin hacer nada especial ni decir nada asombroso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue pasando aquella tarde a su ritmo lento. Ellos no estaban pendientes de eso, sino de s\u00ed mismos, que eran el centro de su propio universo, y m\u00e1s atentos al discurrir de sus manos avergonzadas por las manos del otro, y m\u00e1s pendientes de agradar al otro, de mirarle profundamente para grab\u00e1rselo de forma imborrable.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que les importaba era dejarse arrastrar por el v\u00e9rtigo incontrolable de dejar los sentimientos sueltos, a su libre alboroto, y lo que tem\u00edan era lo mismo: no saber dejarse vencer por el apasionamiento de un coraz\u00f3n sin censura.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tomaron contacto con algunos de los escalofr\u00edos tenues del amor, y con el recuerdo de cuando los recib\u00edan a diario; se sintieron transportados a otro mundo en otra vida, porque lo que les estaba estremeciendo no se hab\u00eda manifestado recientemente en su cotidianidad, y les parec\u00eda m\u00e1s de sue\u00f1o o de pel\u00edcula rom\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuvieron m\u00e1s remedio que asistir al conflicto de sus corduras, que trataban de encontrar la racionalidad por alguna parte sin conseguirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El amor no era as\u00ed, seg\u00fan recordaba la l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor s\u00ed era as\u00ed, seg\u00fan la opini\u00f3n del coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella descansaba sus manos en las de \u00e9l, y \u00e9l las cuidaba, las acariciaba, las acog\u00eda como hijos peque\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l la miraba sin hartazgo, centrando la vida en apreciar el terremoto de los escalofr\u00edos, sintiendo con toda la atenci\u00f3n, mirando los ojos inmaculados de Mar\u00eda y leyendo el libro del amor en su sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella, para no ser menos, volteada sin respeto por las emociones, se dejaba arrastrar por la deriva de su coraz\u00f3n, que no quer\u00eda salvarse sino seguir sintiendo el lado placentero de la vida, el lado festivo de las relaciones, la cara amable del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anocheci\u00f3, y eso fue lo que les trajo al mundo. De pronto, la prisa irrumpi\u00f3 en su magia, la realidad se impuso, y la norma les venci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella dijo que se ten\u00eda que marchar urgentemente y rechaz\u00f3 el ofrecimiento de acercarla hasta su casa; en un atropello de palabras concertaron otra cita, se desearon todo lo bueno, se prometieron so\u00f1ar s\u00f3lo con ellos, se despidieron, y a\u00fan tuvieron tiempo de repetir, sin quererlo, que era una locura.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando lleg\u00f3 a su casa, Ram\u00f3n la estaba esperando. No pregunt\u00f3 el motivo del retraso, sino que le abofete\u00f3 la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; T\u00fa ya sabr\u00e1s por qu\u00e9 \u2013dijo- y quiero la cena inmediatamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se fue hacia la sala y conect\u00f3 el televisor. Al rato se levant\u00f3, y volvi\u00f3 a la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfNo me estar\u00e1s enga\u00f1ando con otro hombre?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; No.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Sabes que si me entero, te mato. Que no se te olvide.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El estremecimiento que le produjo escuchar la amenaza fue tremendo esta vez. En otras ocasiones, y asombrada porque de tanto escucharla le hab\u00eda dejado de sonar intimidante, se hab\u00eda parado a averiguar el motivo de la despreocupaci\u00f3n, y hab\u00eda descubierto que no ten\u00eda nada que perder, y que una muerte no muy dolorosa podr\u00eda ser m\u00e1s una paz que una tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero ahora le pareci\u00f3 muy distinto. Ahora s\u00ed hab\u00eda una raz\u00f3n, que se llamaba Jorge, por la que seguir, as\u00ed que sinti\u00f3 una rebeli\u00f3n interior que le propuso un mot\u00edn, atreverse por fin a enfrentarse, salir para siempre de su derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la cordura, a veces fiel aliada, le sugiri\u00f3 que agachara la cabeza y enmudeciera, y que dejara que se instalaran las aguas calmas. &nbsp; El d\u00eda siguiente fue mejor momento para pensar. Sali\u00f3 a la calle, deambul\u00f3 sin direcci\u00f3n fija, con el pensamiento puesto en Jorge para que se le formara la sonrisa feliz, y se plante\u00f3 formalmente qu\u00e9 deber\u00eda hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El primer pensamiento le pareci\u00f3 perjudicial para llegar al fin que deseaba, y se sorprendi\u00f3 de que se presentara con tales aires de contundencia. Se le present\u00f3, gran sorpresa, la imagen del cura que la cas\u00f3&nbsp;<em>\u201cpara siempre\u201d,<\/em>&nbsp;y, como fondo sonoro, el serm\u00f3n de su propia madre el d\u00eda anterior a la boda, en el que hizo un repaso a la infelicidad en su propio matrimonio, de lo poco que hab\u00eda durado el poco amor que su padre y ella hab\u00edan tenido, y le repiti\u00f3 las mismas palabras que su madre le hab\u00eda transmitido a ella:&nbsp;<em>\u201cLas mujeres nos casamos para parir hijos y para sufrir\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No s\u00f3lo le pesaron las palabras de esclava sumisa, sino lo que era a\u00fan peor: la fe en la idea y la rendici\u00f3n absoluta. Entonces se dio cuenta que ella tambi\u00e9n hab\u00eda hecho lo mismo, aunque no quisiera ver la viga en su propio ojo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso la llev\u00f3 al inicio de una reflexi\u00f3n serena sobre el triste papel de la mujer en las generaciones pasadas, pero como tambi\u00e9n se dio cuenta de que eso ya no la llevaba a nada, decidi\u00f3 sacar de esa tragedia la rabia necesaria para encarar su problema actual, solucionarlo, y de esa manera vengar simb\u00f3licamente a todas esas mujeres del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed se hizo el juramento solemne e inquebrantable de que un d\u00eda, cuando Dios le prestara fuerzas, coger\u00eda sus cosas m\u00ednimas, las meter\u00eda en unas bolsas de pl\u00e1stico, nunca en el juego de maletas que le regal\u00f3 su suegra por la boda, y saldr\u00eda de la casa dando un portazo al presente desdichado que estaba viviendo<\/p>\n\n\n\n<p>Se le ampli\u00f3 la sonrisa y dio el asunto por zanjado.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a pensar en la persona que le hab\u00eda tra\u00eddo la felicidad a su vida; inmediatamente se pronunci\u00f3 una reflexi\u00f3n acerca de lo r\u00e1pido que se estaba desarrollando, tratando de decirse a s\u00ed misma que se necesitaba algo m\u00e1s s\u00f3lido que algo tan simple como querer a una buena persona por ser como es, y ser querida por lo mismo, y entonces se le produjo un vac\u00edo blanco en el pensamiento, y volvi\u00f3 hasta el adjetivo&nbsp;<em>simple,&nbsp;<\/em>lo borr\u00f3, y lo cambi\u00f3 por otro: grandioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso, pens\u00f3, c\u00f3mo una misma se boicotea, c\u00f3mo una misma llega a ser su mejor enemiga, c\u00f3mo a veces nos da m\u00e1s miedo la felicidad que el sufrimiento, al que estamos acostumbradas; c\u00f3mo un mundo nuevo espl\u00e9ndido puede asustar, y c\u00f3mo se llega a dudar si una estar\u00e1 preparada para que le suceda lo bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a casa con la sensaci\u00f3n de que, por fin, hab\u00eda llegado la \u00e9poca de abandonar su situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A primera hora de la tarde, de lunes a viernes, recib\u00eda la llamada telef\u00f3nica de Jorge. Le cont\u00f3 lo que hab\u00eda pensado, y lo que hab\u00eda decidido; \u00e9l le reiter\u00f3 su amor, su apoyo, y le demostr\u00f3 lo feliz que le hac\u00eda la noticia, pero no le quiso urgir a que pusiera una fecha, porque la conoc\u00eda un poco y sab\u00eda que despu\u00e9s de esta euforia se presentar\u00eda el temor oculto, la inquietud casi at\u00e1vica a enfrentarse a su marido, y dar\u00eda un paso atr\u00e1s, pero la anim\u00f3 por esa valent\u00eda y porque tambi\u00e9n sab\u00eda que alg\u00fan d\u00eda ser\u00eda el gran d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Concertaron una cita para el siguiente s\u00e1bado, ya que su marido iba a salir a cazar con unos amigos y estar\u00eda todo el d\u00eda fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Decidieron ir a una capital cercana, donde nadie les reconocer\u00eda, para poder pasear tranquilamente, para poder tomarse las manos libremente, mirarse sin temor, y besarse sin recato.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron la ma\u00f1ana del s\u00e1bado en una actitud de reci\u00e9n enamorados, casi empalagosos, sonriendo continuamente, dej\u00e1ndose besos por el cuerpo, hablando de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Comieron en un mes\u00f3n. Tomaron los caf\u00e9s en calma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, nervioso, un poco inseguro, la mir\u00f3 a los ojos, tartamude\u00f3 una sonrisa, y le pidi\u00f3 lo que deseaba pedir.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me gustar\u00eda hacer el amor contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, que hab\u00eda esperado que fuera \u00e9l quien diera el primer paso, le dedic\u00f3 otra sonrisa temblorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfQu\u00e9 me contestas, Mar\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Me gustar\u00eda hacer el amor contigo \u2013repiti\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se quedaron en silencio. En un silencio de sonrisas eternas, en una quietud de no saber qu\u00e9 era lo pr\u00f3ximo, en una inquietud de preocuparse por si todo saldr\u00eda bien, si sus cuerpos se entender\u00edan, si ning\u00fan remordimiento se entrometer\u00eda, si estar\u00edan a la altura del acontecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda que los dos se arrepent\u00edan de haber aceptado, pero era esa duda de dudarlo todo quien pon\u00eda las intranquilidades: ellos ansiaban el momento que se aproximaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Salieron del mes\u00f3n. En la calle, el sol invitaba a usar la sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se acercaron andando hasta un hotel centenario que hab\u00edan visto por la ma\u00f1ana, durante el paseo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El recepcionista, un hombre m\u00e1s viejo que el hotel, pregunt\u00f3 si eran matrimonio. Jorge sinti\u00f3 que s\u00ed, y Mar\u00eda lo dese\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Les dieron la mejor habitaci\u00f3n, seg\u00fan les dijo al entregarles la llave. En ella se hab\u00eda alojado Sof\u00eda Loren cuando vino a rodar una pel\u00edcula, una que hab\u00edan puesto en televisi\u00f3n el lunes de la semana pasada, precisamente, seg\u00fan puntualiz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era una habitaci\u00f3n muy agradable. La estuvieron inspeccionando con tal dedicaci\u00f3n que parec\u00eda que ese fuera el motivo de estar all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ninguno de los dos se atrev\u00eda a dar el primer paso, ni el primer beso, ni a desabrochar el primer bot\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La pasi\u00f3n les propon\u00eda animalizarse, deshinibirse, amar&#8230; mientras que el nerviosismo les invitaba a encender la televisi\u00f3n y sentarse en el borde de la cama. Hicieron esto \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Les ayud\u00f3 en el siguiente paso el hecho de que el gui\u00f3n de la pel\u00edcula tratara de una pareja de enamorados, y que los besos que se daban fueran contagiosos. Empezaron a besarse con la misma timidez del primer beso, o quiz\u00e1s aumentada, porque esta vez sab\u00edan cu\u00e1l era el final.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l se prepar\u00f3 para dedicarle su cari\u00f1o, para amarla como deseaba hacerlo: tierna y apasionadamente, y ella hizo un pacto con el olvido para que borrara de su mente cualquier intromisi\u00f3n que no fuera amar a ese hombre, entregarse, entregarle cuanta ternura ten\u00eda quieta, cuanta pasi\u00f3n ten\u00eda acumulada, cuanto de abandono necesitaba, y lo hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jorge supo tratarla con cuidado, supo ganarse la confianza de su desconfianza, y supo reparar lo roto de su coraz\u00f3n, calmar sus miedos, alimentar sus sue\u00f1os, y despertar su entrega.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mar\u00eda sucumb\u00eda al conflicto entre su deseo de rendirse al momento, y la deriva de su pensamiento, que no terminaba de capitular, y le presentaba, en una amalgama ca\u00f3tica, la condena eclesi\u00e1stica de estar pecando, la mano violenta de su marido, su animalidad sexual estallando, su propia imagen de mujer maltratada, la sonrisa pac\u00edfica de su hija Clara, las l\u00e1grimas felices que esperaban manifestarse, el sitio y el instante, los besos apasionados, su deseo de escapar de los pensamientos, y ella, en el centro del descalabro, asistiendo at\u00f3nita al conflicto interior en el que ella era la \u00fanica perdedora.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se par\u00f3, se separ\u00f3 de \u00e9l, se levant\u00f3 de la cama, ya desnuda, y se pase\u00f3 por la habitaci\u00f3n tratando de recobrar la vida y el alma.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l se levant\u00f3, se acerc\u00f3 a ella y la par\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Aqu\u00ed -dijo mientras la atra\u00eda hacia \u00e9l y reposaba la cabeza de ella en su hombro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ella llor\u00f3 un llanto atrasado, un llanto de muchas cosas que llorar; le abraz\u00f3 con todas sus fuerzas para que no se escaparan ni \u00e9l ni el momento.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Te amo \u2013dijo \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Te amo \u2013duplic\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra l\u00e1grima, distinta, se uni\u00f3 al r\u00edo de l\u00e1grimas. Esta era por el pensamiento de ese instante. Ella, reconfortada, acogida, comparaba este momento con los momentos en que estaba en su casa padeciendo la desatenci\u00f3n de su marido, el maltrato f\u00edsico y ps\u00edquico, su desprecio, y lo comparaba con este ahora en que era alguien para alguien, y era querida por ese alguien.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus emociones se manifestaban intensamente. Quer\u00eda quedarse con \u00e9l, apoyada para siempre en su hombro, sinti\u00e9ndose acogida en el abrazo, escuchando el eco del latido emocionado de su propio coraz\u00f3n, pero no pod\u00eda. Se le escapaba la tranquilidad en busca de las razones que siempre hab\u00eda tenido para estar angustiada y afligida. Y por mucho que tratara de convencerse de que este era un momento especial, y que lo que le estaba pasando a ella se lo merec\u00eda, y le pod\u00eda pasar, por qu\u00e9 no, hab\u00eda algo que no le permit\u00eda aceptarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, era consciente de que ese no era el mejor momento de ponerse a divagar, o a reflexionar, sino que era momento de estar, de sentir, de emocionarse, de escapar de todos los mundos menos del mundo del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, sabiamente, supo callar y dejar que las voces interiores se murieran solas, y no la urgi\u00f3 a salir del conflicto, ni le dijo qu\u00e9 ten\u00eda que hacer o pensar, sino que se limit\u00f3 a aportar su hombro, a cercarla un poco m\u00e1s con su abrazo, con la presi\u00f3n justa; puso un beso en el pelo, sin ruido, para no distraerla, y empez\u00f3 un lev\u00edsimo acunamiento que la transport\u00f3 a los d\u00edas de sus pocos a\u00f1os cuando su madre la acog\u00eda entre sus brazos para que se durmiera, y le cantaba nanas dulces.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerdo se escap\u00f3 al pasado, y reconstruy\u00f3 con casi toda la vida de entonces aquellos momentos, lo que la llev\u00f3 a redundar en el llanto que no hab\u00eda cesado, y a sumergirse en la experiencia que estaba probando, con tal intensidad que los brazos de Jorge se convirtieron en los de su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mam\u00e1&#8230; \u2013susurr\u00f3 con voz apagada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las l\u00e1grimas se derramaban por sus mejillas; sin embalse que las acogiera, llegaban hasta el hombro madre de Jorge.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se vio correr por un campo verde y rojo de hierba y amapolas. Sinti\u00f3 el jadeo en su respiraci\u00f3n infantil. Escuch\u00f3 la voz de su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Mar\u00eda, vuelve, no te alejes tanto -gritaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mir\u00f3 hacia el lugar del que proven\u00eda la voz. A lo lejos, muy lejos, estaba la figura reducida de su madre. Volvi\u00f3 a correr, ahora en la direcci\u00f3n opuesta. Lleg\u00f3 hasta ella, otra vez la respiraci\u00f3n alborotada, y su madre la subi\u00f3 en volandas, la hizo girar para que volara como a ella le gustaba; despu\u00e9s, la levant\u00f3 muy alto, la solt\u00f3 un instante, en un juego al que jugaban a menudo, y ese momento de no sentir su contacto la llev\u00f3, inevitablemente, arranc\u00e1ndola de esa ilusi\u00f3n y transport\u00e1ndola, del modo m\u00e1s violento, a una de las muchas palizas que le propin\u00f3 su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le entr\u00f3 mucho miedo; un miedo que ni siquiera el contacto con Jorge pudo evitar. No abri\u00f3 los ojos. Pens\u00f3 que si algo ten\u00eda que pasar, o si algo ten\u00eda que sentir, esta era la mejor oportunidad, as\u00ed que dej\u00f3 que las visiones que se presentaran le trajeran algo, aunque fuera malo, porque estaba dispuesta a enfrentarse a los demonios emisarios.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se estremeci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo primero que sinti\u00f3 fue un dolor f\u00edsico, como si fuera aut\u00e9ntico. Instintivamente se ech\u00f3 hacia atr\u00e1s, aunque el abrazo de Jorge no le permiti\u00f3 escaparse. Con cuidado la atrajo otra vez hacia s\u00ed, y volvi\u00f3 a depositar su cabeza en el mismo hombro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su marido, en el recuerdo que estaba reviviendo, era un monstruo babeante, de ojos rojos y dientes renegridos, y sus brazos eran m\u00e1quinas de golpear. Ve\u00eda la escena como si estuviera volando. Se ve\u00eda a s\u00ed misma min\u00fascula, desigual, aporreada, desamparada, y sent\u00eda ganas de defenderse, de rescatarse, de consolarse a s\u00ed misma en un abrazo de protecci\u00f3n, pero no pod\u00eda porque el monstruo era muy grande y muy poderoso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces se vio rezando a su fuerza desconocida, la llam\u00f3 la fuerza del amor, y esa fuerza la ayud\u00f3 a sobreponerse, a engrandecerse, a rebelarse y escapar por la puerta serenamente y sin mirar atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Abri\u00f3 los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Lo voy a hacer \u2013dijo-, voy a dejarle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l la bes\u00f3 nuevamente. En el pelo, en el cuello, en la boca huidiza, en los pechos casi v\u00edrgenes&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>La llev\u00f3 en volandas a la cama, donde la deposit\u00f3 con ternura.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 con la abundancia de besos, provoc\u00e1ndole dulces terremotos, erizando sus vellos fr\u00e1giles; recorri\u00f3 con la yema de un dedo el valle de su vientre, alcanz\u00f3 las piernas temblorosas, despert\u00f3 los pezones aletargados y cubri\u00f3 toda su piel de escalofr\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se dej\u00f3 vencer. Lo que le estaba pasando ocupaba toda su atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si un resorte la hubiera liberado, se incorpor\u00f3 de su posici\u00f3n de abandono e inici\u00f3 un ataque de besos; le oblig\u00f3 con cuidado a quedarse quieto, boca arriba, y entonces fue ella quien le recorri\u00f3 con la lengua, dejando peque\u00f1os besos como marcadores de su recorrido, como acotando una posesi\u00f3n, y sinti\u00f3 la dominaci\u00f3n del deseo, su fiera viva, y en ese instante toda ella fue exclusivamente de su pasi\u00f3n y de su lujuria, entreg\u00e1ndose sin reparos al sexo y al amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sinti\u00f3 embriagada por sensaciones olvidadas, aunque en ese momento no las analiz\u00f3, redescubri\u00e9ndose en facetas desusadas, en mareos olvidados, en vac\u00edos de grandeza, sinti\u00e9ndose humana, y, sobre todo, sinti\u00e9ndose mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dio mucho de lo que ten\u00eda retenido: todo lo que deseaba darle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, para no ser menos, y para cumplir sus deseos, la habl\u00f3 con silencios y con monos\u00edlabos enamorados, dici\u00e9ndole lo que su coraz\u00f3n le dictaba, copiando el discurso de todos los enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando terminaron de hacer el amor, que no de amarse, se quedaron frente a frente, tratando de acompasar sus respiraciones, mir\u00e1ndose a trav\u00e9s de las sonrisas, toc\u00e1ndose con un dedo, recre\u00e1ndose en la parte infantil del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s comenzaron una retah\u00edla de abrazos, y un sinf\u00edn de arrumacos y de caricias temblorosas.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Tenemos que marcharnos \u2013dijo ella cuando comenzaba a finalizar la tarde- llamar\u00e1 a eso de las diez para controlarme, y llegar\u00e1 un par de horas despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Se vistieron el uno al otro, entre risas, pero sin palabras, jugando a un juego que a\u00fan no hab\u00eda sido inventado, aunque fuera un juego de siempre, pero se permitieron la agitaci\u00f3n de ser la primera vez que hac\u00edan una cosa as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El recepcionista, cuando le devolvieron la llave, al ver sus caras distintas, les dese\u00f3, de coraz\u00f3n, que se convirtiera en eterna esa felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El viaje estuvo lleno de recuerdos recientes; a\u00fan no se les hab\u00eda terminado la placidez en la sonrisa, ni quer\u00edan abandonar el estado beat\u00edfico en el que se encontraban.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegaron a la ciudad se les fue metiendo la realidad en la vida; los rostros se fueron tornando r\u00edgidos, el brillo de los ojos se fue ajando, el aura que les acompa\u00f1\u00f3 durante el viaje se volatiliz\u00f3 y les dej\u00f3 hu\u00e9rfanos, enfrentados al hecho de tener que romper el hechizo m\u00e1gico para volver a ser de carne y hueso, de problemas y distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l aparc\u00f3 cerca de una parada de autob\u00fas, como le hab\u00eda pedido ella. Se dijeron las cosas que se dicen los corazones enamorados, y se recrearon en desearse lo mejor, en hablar de las a\u00f1oranzas que estaban a punto de comenzar, en prometerse cosas que iban a cumplir, como echarse en falta cada instante y llamarse con los gritos mudos de la desesperaci\u00f3n, y se dieron el \u00faltimo beso del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella tom\u00f3 el autob\u00fas para ir a su casa, lleg\u00f3 en el instante en que comenzaba a sonar el tel\u00e9fono. La voz de Ram\u00f3n, recrimin\u00e1ndola por tardar tanto en cogerlo, rompi\u00f3 con un golpe brusco el halo dulce que la acompa\u00f1aba.<\/p>\n\n\n\n<p>Cen\u00f3 sin ganas. Quiso acostarse, para que \u00e9l la encontrara dormida y no tener que someterse al interrogatorio de sus celos, pero sab\u00eda que la rega\u00f1ar\u00eda por haberse acostado sin \u00e9l, y esa era una excusa suficiente para iniciar otra discusi\u00f3n, as\u00ed que fue inventando un d\u00eda aburrido, rutinario, encerrada en casa viendo la televisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 con muy mal humor.<\/p>\n\n\n\n<p>Dedujo, por el tenue olor a humo encerrado y a colonia barata, que hab\u00eda parado en un bar de putas, lo que le alivi\u00f3 un poco porque eso quer\u00eda decir que esa noche no tendr\u00eda que someterse a sus deseos, pero hab\u00eda bebido m\u00e1s de lo que pod\u00eda controlar, y en ese caso la agresividad era verbal.<\/p>\n\n\n\n<p>La insult\u00f3, la acus\u00f3 de un adulterio que por primera vez era cierto, aunque ella no lo sintiera como tal, la maldijo, hizo un amago de pegarle y se qued\u00f3 con el brazo en alto viendo la impasibilidad con que ella estaba soportando el ataque.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vio que ninguna de las cosas que hab\u00eda dicho hasta entonces la hab\u00eda dolido, se encarniz\u00f3 en lo que sab\u00eda que iba a hacerla estallar y romperse: la acus\u00f3, como hab\u00eda hecho otras veces, de que la muerte de Clara fue debida a su fracaso como madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed se rompi\u00f3 su aparente calma. Por primera vez, no se fue a un rinc\u00f3n a encogerse y llorar, sino que se abalanz\u00f3 sobre \u00e9l, le golpe\u00f3 con una fuerza desmedida, le devolvi\u00f3 los insultos que ten\u00eda guardados, y \u00e9l no supo reaccionar: se cubri\u00f3 con los brazos para tratar de evitar la furia de la fiera en que ella se hab\u00eda convertido, balbuce\u00f3 unas palabras incomprensibles, retrocedi\u00f3 buscando un sitio en el que refugiarse y soport\u00f3 los golpes, hasta que par\u00f3 agotada.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ahora estoy borracho \u2013acert\u00f3 a decir- pero ma\u00f1ana te mato.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se fue a la cama tambaleando, herido en su orgullo de macho equivocado, sorprendido por su reacci\u00f3n tan ins\u00f3lita para \u00e9l mismo. Trat\u00f3 de encontrar una excusa:&nbsp;<em>estoy muy borracho,<\/em>&nbsp;pens\u00f3,&nbsp;<em>\u00bfc\u00f3mo se le ha ocurrido a esa puta intentar pegarme? \u00bfqui\u00e9n se cree que es? Esto no se lo perdonar\u00e9 jam\u00e1s. Ma\u00f1ana la mato.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 hasta el borde de la cama y se dej\u00f3 caer de golpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, porque ya no estaba \u00e9l delante, se permiti\u00f3 derrumbarse, llorar de miedo, asustarse de su osad\u00eda, alegrarse de haberse enfrentado, temblar por la en\u00e9sima amenaza, y pensar en Jorge.<\/p>\n\n\n\n<p>Evocar sus palabras y sus besos fueron el b\u00e1lsamo que cur\u00f3 las heridas invisibles; al acordarse de \u00e9l se sinti\u00f3 protegida como nunca lo hab\u00eda estado, y en su rememoranza encontr\u00f3 la sonrisa que le evit\u00f3 entrar en la espiral del desamparo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Te quiero<\/em>, pens\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el alma a punto de entrar en la paz, se acerc\u00f3 a la habitaci\u00f3n y vio a su marido dormido, cruzado a lo ancho de la cama, roncando una m\u00fasica tr\u00e1gica, con un hilillo baboso en la comisura de la boca que parec\u00eda el principio de un v\u00f3mito.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cruz\u00f3 fugazmente el pensamiento que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se hab\u00eda entretenido en llevar hasta el fin en la imaginaci\u00f3n: ahora pod\u00eda matarle de cualquiera de los modos que hab\u00eda fabulado; ten\u00eda los argumentos suficientes para enga\u00f1ar al m\u00e1s h\u00e1bil de los investigadores. Hab\u00eda pensado en todas las pruebas que ten\u00eda que borrar, en la historia sin contradicciones que ten\u00eda que contar, en la calma de su conciencia por sentirse vengada&#8230; incluso pens\u00f3 que tampoco le importar\u00eda que la detuvieran y acabar en la c\u00e1rcel; cualquier c\u00e1rcel ser\u00eda m\u00e1s benigna que la actual, y el guardi\u00e1n m\u00e1s cruel, si hab\u00eda alguno, ser\u00eda m\u00e1s tierno que su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>Le sorprend\u00eda que en ese cuerpo ahora indefenso pudiera caber tanta maldad, tanta frustraci\u00f3n mal canalizada, tanta inhumanidad, tanta insensibilidad. Sinti\u00f3 pena. Por \u00e9l y por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Cogi\u00f3 una manta y se fue al sof\u00e1. Le cost\u00f3 conciliar el sue\u00f1o; m\u00e1s que por los \u00faltimos acontecimientos era por la evocaci\u00f3n del d\u00eda que hab\u00eda pasado junto a Jorge, y entonces se le organiz\u00f3 en su cabeza, sin contar para nada con ella, un enfrentamiento entre \u00e9l y su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un duelo verbal.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno hablaba con templanza de que estaba enamorado de ella, y ella era una mujer para ser amada; el otro dec\u00eda que no era digna de ser amada, porque ten\u00eda la culpa de su infelicidad; volv\u00eda el primero a esgrimir el mismo argumento anterior en la confianza de que era la m\u00e1s s\u00f3lida de las razones; el otro trataba de justificar su desamor y sus inaceptables actuaciones en unos razonamientos d\u00e9biles, deshilvanados, que no resist\u00edan m\u00e1s all\u00e1 del momento de ser pronunciados.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella asist\u00eda como muda espectadora, sin poder hacer nada m\u00e1s que sentir el contraste entre uno y otro; una m\u00fasica de \u00e1ngeles cortejadores la reblandec\u00eda al ver un Jorge f\u00e9rreo en su enamoramiento, mientras Ram\u00f3n se hund\u00eda m\u00e1s, si eso era posible, ante tal contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>En la duermevela sent\u00eda las emociones con una intensidad superior. Los ojos se le llenaban de sonrisas y el alma de llantos; el coraz\u00f3n se ahogaba de amor y de desamor; los sentimientos se mec\u00edan de uno a otro extremo. En una amalgama inveros\u00edmil, el amor y el dolor se hac\u00edan uno, y en un mismo sentimiento ten\u00eda que sufrir y disfrutar ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sue\u00f1o fue generoso y la salv\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despert\u00f3 sobresaltada, sin saber por qu\u00e9 motivo se despertaba, pero al abrir los ojos se aterroriz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a ella estaba Ram\u00f3n. En la mano derecha ten\u00eda un cuchillo grande.<\/p>\n\n\n\n<p>La miraba con ojos enfebrecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ves qu\u00e9 f\u00e1cil me va a ser matarte cuando yo quiera&#8230; Si me entero que me enga\u00f1as con otro hombre, te mato. Y si te vuelves a poner otra vez chulita, como anoche, te mato.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 el cuchillo sobre el cuerpo de ella. Se dio la vuelta y se fue al ba\u00f1o, para asearse y convertirse en el santo ejemplar que conoc\u00edan las dem\u00e1s personas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella pas\u00f3 la ma\u00f1ana enfrascada en sus cavilaciones. La mente se encargaba de que pasara por su pensamiento todo lo que hab\u00eda ocurrido en los \u00faltimos a\u00f1os. Una memoria prodigiosa, y ordenada, le contaba su propia historia a\u00f1adiendo los sentimientos que hab\u00edan acompa\u00f1ado a cada uno de los actos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El balance fue negativo.<\/p>\n\n\n\n<p>La felicidad hab\u00eda sido erradicada mucho tiempo antes, coincidiendo con la ausencia de Clara, y desde entonces un vac\u00edo se hab\u00eda adue\u00f1ado de ella. Era un vac\u00edo que s\u00f3lo se hab\u00eda llenado de l\u00e1grimas y de momentos desagradables; el resto del tiempo, era un vac\u00edo normal, en el que no entraba nada que pudiera alterar la sensaci\u00f3n de no ser, de no estar, de no ser due\u00f1a de s\u00ed misma y de no poder mandar en el destino.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed hab\u00eda pasado sus \u00faltimos a\u00f1os, en una derrota resignada de la que s\u00f3lo a veces emerg\u00eda un asomo de inconformismo que era r\u00e1pidamente sofocado. Hasta que apareci\u00f3 Jorge. Hasta que se despertaron los estremecimientos buenos, la vida viva, la esperanza esperanzada, las ganas de incorporarse a la parte gozosa de la existencia: la locura de amar. Hasta que sinti\u00f3 dentro de s\u00ed la savia que se desaletarga cada primavera y estalla en colores.<\/p>\n\n\n\n<p>La valent\u00eda para llevar adelante la ilusi\u00f3n largamente ansiada fue ganando en cordura.<\/p>\n\n\n\n<p>Alg\u00fan d\u00eda tendr\u00eda que ser el d\u00eda de la sublevaci\u00f3n, el d\u00eda en que los sue\u00f1os y los deseos m\u00e1s queridos se convirtieran en realidad: el d\u00eda del principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge era esa pizca de motivaci\u00f3n que le faltaba para rehacerse como persona. Era un motivo suficiente para convertirla en valiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Retom\u00f3 las elucubraciones anteriores, y empez\u00f3 a decidir firmemente si deb\u00eda hablar con su marido y decirle todo lo que le ten\u00eda que decir antes de marcharse, si deb\u00eda huir con una bolsa llena de sus cosas aprovechando una ausencia de \u00e9l y sin dejar raz\u00f3n de su decisi\u00f3n, si deb\u00eda escribir una larga carta con el diario de sus descorazonamientos y todos los reproches, o si deb\u00eda marcharse al pa\u00eds m\u00e1s lejano, el que no aparece en los mapas, y borrar su pasado como una pesadilla larga y desagradable.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo correcto era hablar con \u00e9l, pero tem\u00eda la debilidad de sus propias piernas, que empezar\u00edan a temblequear desde que le tuviera frente a ella; tem\u00eda la tartamudez de sus miedos, ser abandonada por la serenidad, como ya hab\u00eda sido abandonada en otras ocasiones; tem\u00eda que cumpliera su amenaza de matarla, y tem\u00eda morir para siempre dejando en la vida a Jorge de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 que \u00e9l la podr\u00eda rescatar de su mente confundida, pero tambi\u00e9n pens\u00f3 que ese era un asunto que ten\u00eda que resolver sola, y se qued\u00f3 a solas con su desconcierto, tratando de encontrar entre sus ideas desorganizadas una que fuera la mejor, la perfecta, pero por m\u00e1s inter\u00e9s y esfuerzo que puso no hubo una que la dejara satisfecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Su incapacidad le produjo un principio de llanto que no fue capaz de impedir; se dej\u00f3 arrastrar por el caudal de sus l\u00e1grimas derrochadas, y acab\u00f3 ahog\u00e1ndose en el mar donde van a parar los r\u00edos de llanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Se present\u00f3 el m\u00e1s aciago de todos los futuros negros en el espacio de la derrota donde se sab\u00eda due\u00f1o inexpugnable, remarc\u00f3 los l\u00edmites infinitos de su propiedad, y a punto estaba de aposentarse pl\u00e1cidamente cuando sinti\u00f3 el empuje violento de las palabras de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Otra vez, no. No. No. No.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levant\u00f3 transformada, con los ojos brillantes de arrojo, decidida, instalada en una firmeza s\u00f3lida, alimentada por la mejor de las rabias, sinti\u00e9ndose protegida por una coraza invisible que la pon\u00eda a salvo de cualquier cosa que le pudiera acosar.<\/p>\n\n\n\n<p>Prepar\u00f3 una bolsa de las que dan en los hipermercados, con lo imprescindible. La llen\u00f3, sobre todo, con los pocos buenos recuerdos: las fotos de Clara, su peluche, la pinza que sujet\u00f3 el cord\u00f3n umbilical&#8230; quiso llevarse tambi\u00e9n la foto agrisada de la boda de sus padres, y la cadena que le regalaron el d\u00eda que hizo su primera comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cogi\u00f3 una libreta y un bol\u00edgrafo. Se sent\u00f3 en una de las sillas de la cocina. Mir\u00f3 el reloj. Ten\u00eda tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Busc\u00f3 unas pocas palabras para dejarlas escritas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda pensado muchas veces en lo que pondr\u00eda el d\u00eda que fuera capaz de hacer lo que estaba haciendo: pens\u00f3 en poner un comedido H. de P. (su educaci\u00f3n religiosa no le permit\u00eda escribirlo con todas las letras); despu\u00e9s pens\u00f3 en llenar toda la hoja de insultos, de amenazas, de maldiciones&#8230; pero otra vez se contuvo. Decidi\u00f3 ser escueta: NO ME BUSQUES. YA ME HAS HECHO SUFRIR BASTANTE. D\u00c9JAME VIVIR.<\/p>\n\n\n\n<p>La sujet\u00f3 a la puerta del frigor\u00edfico con un im\u00e1n que anunciaba una marca de yogures. Se pase\u00f3 por la casa despidi\u00e9ndose de cada habitaci\u00f3n. La imagen que vio al pasar delante del espejo del pasillo le pareci\u00f3 lamentable: una mujer seria, casi rid\u00edcula por la bolsa, que se iba de su pasado sin llevarse nada m\u00e1s que una tristeza enquistada.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dio cuenta que no deb\u00eda salir al mundo con ese aspecto. Pens\u00f3 en todo lo que le esperaba fuera, pens\u00f3 en Jorge, pens\u00f3 en s\u00ed misma, en lo que estaba haciendo, y una l\u00e1grima sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Abri\u00f3 la puerta que daba al rellano de la escalera. Desde all\u00ed pase\u00f3 una \u00faltima mirada por lo que quedaba a la vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Del fondo del pasillo vino una imagen casi transparente de s\u00ed misma; era una figura atormentada, como era ella en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Yo me quedo aqu\u00ed \u2013le dijo- vagando por este penal. Soy tu pasado. Si t\u00fa quieres, me quedo con los recuerdos de estos a\u00f1os, para que cuando evoques esta etapa de tu vida no aparezca. Qu\u00e9date con Clara, y d\u00e9jame lo dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Le pareci\u00f3 favorable el trueque, y lo acept\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Se abraz\u00f3 a la imagen generosa que se ofrec\u00eda en sacrificio para liberarla. Se abraz\u00f3 al aire denso de los malos demonios acumulados, al aire cargado de gritos, al aire apesadumbrado, y cuando deshizo el abrazo, vio alejarse a su pasado, que se gir\u00f3 una sola vez para enviarle una sonrisa tenue.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerr\u00f3 la puerta. Baj\u00f3 las escaleras como volando. Dej\u00f3 las llaves en el buz\u00f3n. Se sacudi\u00f3 la ropa al salir a la calle, como dicen que hay que hacer al salir de Portugal, para no volver nunca m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan cambiado el mundo. El sol era m\u00e1s luminoso que el que recordaba ella; las calles estaban llenas de un griter\u00edo festivo y m\u00fasica de bocinas; el aire estaba perfumado. El futuro estaba reci\u00e9n estrenado.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos pasos m\u00e1s adelante estaba la parada del autob\u00fas que le llevaba hasta Jorge.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la viera llegar, ser\u00eda un hombre m\u00e1s feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hab\u00edan hablado de lo que har\u00edan el d\u00eda que ella se atreviera: coger\u00edan el coche inmediatamente y emprender\u00edan un camino sin destino definido. Ir\u00edan hasta el sitio m\u00e1s lejano que les dijera, de coraz\u00f3n, BIENVENIDOS. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El espejo, tan cruelmente sincero, le devolvi\u00f3 una dram\u00e1tica imagen: la de una mujer que a\u00fan no hab\u00eda consumido cuarenta a\u00f1os pero ya acumulaba una derrota de muchas vidas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante esa visi\u00f3n, cerr\u00f3 los p\u00e1rpados. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El izquierdo con m\u00e1s dificultad, porque era el que hab\u00eda recibido los dos pu\u00f1etazos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No era la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ocean_post_layout":"","ocean_both_sidebars_style":"","ocean_both_sidebars_content_width":0,"ocean_both_sidebars_sidebars_width":0,"ocean_sidebar":"","ocean_second_sidebar":"","ocean_disable_margins":"enable","ocean_add_body_class":"","ocean_shortcode_before_top_bar":"","ocean_shortcode_after_top_bar":"","ocean_shortcode_before_header":"","ocean_shortcode_after_header":"","ocean_has_shortcode":"","ocean_shortcode_after_title":"","ocean_shortcode_before_footer_widgets":"","ocean_shortcode_after_footer_widgets":"","ocean_shortcode_before_footer_bottom":"","ocean_shortcode_after_footer_bottom":"","ocean_display_top_bar":"default","ocean_display_header":"default","ocean_header_style":"","ocean_center_header_left_menu":"","ocean_custom_header_template":"","ocean_custom_logo":0,"ocean_custom_retina_logo":0,"ocean_custom_logo_max_width":0,"ocean_custom_logo_tablet_max_width":0,"ocean_custom_logo_mobile_max_width":0,"ocean_custom_logo_max_height":0,"ocean_custom_logo_tablet_max_height":0,"ocean_custom_logo_mobile_max_height":0,"ocean_header_custom_menu":"","ocean_menu_typo_font_family":"","ocean_menu_typo_font_subset":"","ocean_menu_typo_font_size":0,"ocean_menu_typo_font_size_tablet":0,"ocean_menu_typo_font_size_mobile":0,"ocean_menu_typo_font_size_unit":"px","ocean_menu_typo_font_weight":"","ocean_menu_typo_font_weight_tablet":"","ocean_menu_typo_font_weight_mobile":"","ocean_menu_typo_transform":"","ocean_menu_typo_transform_tablet":"","ocean_menu_typo_transform_mobile":"","ocean_menu_typo_line_height":0,"ocean_menu_typo_line_height_tablet":0,"ocean_menu_typo_line_height_mobile":0,"ocean_menu_typo_line_height_unit":"","ocean_menu_typo_spacing":0,"ocean_menu_typo_spacing_tablet":0,"ocean_menu_typo_spacing_mobile":0,"ocean_menu_typo_spacing_unit":"","ocean_menu_link_color":"","ocean_menu_link_color_hover":"","ocean_menu_link_color_active":"","ocean_menu_link_background":"","ocean_menu_link_hover_background":"","ocean_menu_link_active_background":"","ocean_menu_social_links_bg":"","ocean_menu_social_hover_links_bg":"","ocean_menu_social_links_color":"","ocean_menu_social_hover_links_color":"","ocean_disable_title":"default","ocean_disable_heading":"default","ocean_post_title":"","ocean_post_subheading":"","ocean_post_title_style":"","ocean_post_title_background_color":"","ocean_post_title_background":0,"ocean_post_title_bg_image_position":"","ocean_post_title_bg_image_attachment":"","ocean_post_title_bg_image_repeat":"","ocean_post_title_bg_image_size":"","ocean_post_title_height":0,"ocean_post_title_bg_overlay":0.5,"ocean_post_title_bg_overlay_color":"","ocean_disable_breadcrumbs":"default","ocean_breadcrumbs_color":"","ocean_breadcrumbs_separator_color":"","ocean_breadcrumbs_links_color":"","ocean_breadcrumbs_links_hover_color":"","ocean_display_footer_widgets":"default","ocean_display_footer_bottom":"default","ocean_custom_footer_template":"","ocean_post_oembed":"","ocean_post_self_hosted_media":"","ocean_post_video_embed":"","ocean_link_format":"","ocean_link_format_target":"self","ocean_quote_format":"","ocean_quote_format_link":"post","ocean_gallery_link_images":"on","ocean_gallery_id":[],"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-2481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","entry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2481"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2482,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2481\/revisions\/2482"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}