{"id":2453,"date":"2021-09-17T12:36:46","date_gmt":"2021-09-17T12:36:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/?p=2453"},"modified":"2021-09-17T12:36:46","modified_gmt":"2021-09-17T12:36:46","slug":"mal-de-desamores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/2021\/09\/17\/mal-de-desamores\/","title":{"rendered":"Mal de desamores"},"content":{"rendered":"\n<p>&#8211; Ya sab\u00e9is de sobra que a Gerardo s\u00f3lo le importa su trabajo -dijo Julia al resto de los comensales, contestando en nombre de \u00e9l, mientras que con la mirada buscaba su reacci\u00f3n a la opini\u00f3n que acababa de manifestar, y con su sonrisa solicitaba una negaci\u00f3n, preferiblemente acompa\u00f1ada de&nbsp;<em>t\u00fa me importas m\u00e1s, cari\u00f1o.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La contestaci\u00f3n era para una de esas preguntas innecesarias que se hacen para llenar el tiempo, para falsear un inter\u00e9s incierto, pero fue la excusa perfecta que ella encontr\u00f3 para poder conocer su opini\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l, para no mentir, cre\u00f3 otra sonrisa s\u00f3lo aparentemente sincera, que pudiera servir como respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mueca artificial comenz\u00f3 inmediatamente a convertirse en dolorosa, ya que ten\u00eda la responsabilidad de no dejar traslucir los recuerdos que se le estaban amontonado.&nbsp; Tiempo atr\u00e1s hubo una mujer que le interes\u00f3 m\u00e1s que su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quien hizo la pregunta consigui\u00f3 evitar una respuesta, ya que se la cambi\u00f3 casi inmediatamente por otra, tambi\u00e9n desganada, relacionada con su \u00faltima exposici\u00f3n.&nbsp; Fue la ocasi\u00f3n ideal para mudar de sonrisa, ahora m\u00e1s cierta, con la que contar que se hab\u00eda vendido toda el mismo d\u00eda de la inauguraci\u00f3n, y que ya ten\u00eda otras dos en cartera.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Termin\u00f3 aquella comida de compromiso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas las parejas entremezclaron sus besos de despedida con la reprimenda mutua de que ten\u00edan que verse m\u00e1s a menudo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue con Julia en silencio hasta el coche y el mismo silencio les acompa\u00f1\u00f3 todo el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fren\u00f3 delante del portal.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfNo metes el coche al garaje?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; No.&nbsp; Tengo que ir al estudio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no te tomas la tarde libre y te quedas conmigo?&nbsp; \u00bfNo puedes dejarlo ni siquiera el d\u00eda de nuestro veinticinco aniversario?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Tengo que ir.&nbsp; Volver\u00e9 pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su coche, casi aut\u00f3nomo, como si fuera su c\u00f3mplice, le llev\u00f3 a la calle Generaci\u00f3n del Veintisiete.&nbsp; Encontr\u00f3 un sitio donde aparcar.&nbsp; Anduvo unos pasos, pocos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se par\u00f3 a un lado del escaparate de Modas Rosa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El nombre se hab\u00eda quedado anticuado, pens\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A trav\u00e9s de los huecos que quedaban entre las prendas de la exposici\u00f3n primavera-verano, pero escondi\u00e9ndose para ver sin ser visto, vio el cuerpo alargado de Rosa Molina, la autora de los recuerdos que se hab\u00edan presentado en su memoria durante la comida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa fue durante a\u00f1os el amor secreto.&nbsp; Secreto incluso para ella, pues no se atrevi\u00f3 a decirle la primera palabra hasta que cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de haberla visto por primera vez, en una ocasi\u00f3n que acompa\u00f1\u00f3 a Julia a comprarse ropa, lleg\u00f3 otro d\u00eda de desesperaci\u00f3n en el que decidi\u00f3 arriesgarse a hablarle de la irrupci\u00f3n involuntaria de ella en todos sus pensamientos, en todos los cuadros que pintaba, en todos los sue\u00f1os que so\u00f1aba. Prefiri\u00f3 hacerlo antes que seguir rastreando desesperadamente por el aire el olor que ella le contagiara aquel \u00fanico d\u00eda, antes que seguir muri\u00e9ndose de silencio cada momento de cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante meses, con esa lentitud torpe para los asuntos de sus sentimientos, fue construyendo un mon\u00f3logo para recitar; un mon\u00f3logo en el que cada d\u00eda desordenaba lo que el d\u00eda anterior le parec\u00eda la m\u00e1s perfecta declaraci\u00f3n de amor, y al que cada d\u00eda a\u00f1ad\u00eda un adjetivo, un matiz, un tono&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ten\u00eda pensadas incluso las respuestas a las poco probables palabras de ella, pues esperaba m\u00e1s un desplante que una atenci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda ensayado ante el espejo de su plan las posturas, las pausas, las miradas que ten\u00edan que ser a ella y las miradas que deb\u00edan ser ausentes, y ese d\u00eda lluvioso del final de su desesperaci\u00f3n, o del principio de otra desesperaci\u00f3n, enfil\u00f3 con su tambaleante decisi\u00f3n la calle donde a las ocho de la tarde cerraba el comercio de modas selectas, esper\u00f3 a que diera tres vueltas con la llave en la cerradura, como hab\u00eda contado muchos d\u00edas de esp\u00eda enamorado, y se acerc\u00f3 hasta ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-Quiero hablar con usted -le dijo sin ni siquiera saludar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cerr\u00f3 su paraguas y lo dej\u00f3 caer al suelo, a pesar de la lluvia, porque en los ensayos nunca hab\u00eda tenido en cuenta la posibilidad de que lloviera, y necesitaba ambas manos para suplir a algunas de las palabras que ten\u00edan que hablar de su descorazonamiento, pues estaba seguro de no tener coraz\u00f3n desde el d\u00eda de la fortuna o la desdicha de conocerla.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No le ocult\u00f3 que estaba casado, y sin saber si ella tambi\u00e9n lo estaba o si su amor era libre, le dijo que necesitaba amarla, y para que su vida siguiera viviendo necesitaba conocer la ternura de sus manos, y necesitaba repetirle su nombre, Rosa, Rosa, Rosa, al o\u00eddo, y necesitaba llenarla de atenciones; para aliviar su desesperanza necesitaba o\u00edrla pronunciar el nombre de Gerardo en la boca de su deseo, y necesitaba comer de su presencia y beber en sus besos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era tal el conflicto en su vida que se hab\u00eda convertido en un vagabundo que erraba por su estudio, por su casa, y por su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y era tal su deterioro, su dram\u00e1tico abatimiento, que le hab\u00edan llevado a varios m\u00e9dicos que acabaron certificando que lo \u00fanico que le pasaba era que padec\u00eda el mal de los desamores.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Julia escuchaba la unanimidad de la respuesta, y ya que no pod\u00eda sacarle nada m\u00e1s que mutismos, ni una confidencia, ni un desahogo, empez\u00f3 a enfermar de falta de razonamientos, y un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n sucumb\u00eda a la vor\u00e1gine de su pensamiento desquiciado, y le echaba en cara retah\u00edlas de quejas, arengas soflamadas, me vas a volver loca como te has vuelto t\u00fa&#8230; y deja ya de disfrutar en tu mundo de ido y vuelve aqu\u00ed a responsabilizarte de m\u00ed, vuelve que no puedo soportar m\u00e1s este desorden, este caos trapacero, vuelve, desgraciado&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En una de aquellas ocasiones, su p\u00e9rdida encontr\u00f3 el presente y aprovech\u00f3 para tomar la resoluci\u00f3n irrevocable de hablar con Rosa y confesarse.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa era la decisi\u00f3n que necesitaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se levant\u00f3 de su sill\u00f3n del olvido y pidi\u00f3 perd\u00f3n a Julia, mucho perd\u00f3n, pero sin sentirlo, s\u00f3lo para tranquilizarla.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La normalidad le recuper\u00f3 del caos donde estuvo exiliado.&nbsp; Volvi\u00f3 a pintar, mejor que nunca y m\u00e1s inspirado.&nbsp; Llenaba lienzos de colores enamorados, y siempre, todo, era un homenaje a Rosa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Urdi\u00f3 la declaraci\u00f3n en el silencio de su estudio. Muchas veces dejaba los pinceles sobre la paleta, expuestos a deshidratarse, y abr\u00eda la puerta de su secreto y entraba con los ojos cerrados a decirle cosas a Rosa.&nbsp; Volaba hasta la playa donde siempre la encontraba esper\u00e1ndole, tendida, empap\u00e1ndose de sol, y cada vez le depositaba un beso en sus labios mullidos; ella abr\u00eda los ojos, le recriminaba con genio infantil por no haber llegado antes, y enseguida le abrazaba, rodaban por la arena, y el resto de la gente, por la magia de la imaginaci\u00f3n, desaparec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La Creaci\u00f3n entera a su disposici\u00f3n y su servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Regulaba la intensidad del sol y su calor; cambiaba el decorado, hoy esta palmera aqu\u00ed, y ma\u00f1ana all\u00ed; modificaba las nubes, y el tono azul del mar segu\u00eda en el cielo, con lo que consegu\u00eda que desapareciera la l\u00ednea del horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los besos eran, por primera vez en la historia, eternos, y la desnudez de ella, interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pod\u00eda pasarse perfectamente el resto de la tarde en la postura que ten\u00eda al comienzo de su fuga al mundo de los sue\u00f1os de sus deseos, y volver horas m\u00e1s tarde al encuentro con sus piernas dormidas, Dios m\u00edo, qu\u00e9 hora es, tengo que marcharme corriendo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed vivi\u00f3 hasta el d\u00eda que tuvo ahorrado el suficiente arrojo como para propiciar el encuentro en la tarde noche lluviosa del catorce de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Quiero hablar con usted. Por favor, no se asuste, tengo que decirle algo.&nbsp; Tengo que decirle muchas cosas.&nbsp; S\u00e9 que le va a parecer muy extra\u00f1o todo lo que voy a contarle, pero debo hacerlo, as\u00ed que por favor no se mueva hasta que termine y por favor no me interrumpa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed era el inicio de la revelaci\u00f3n m\u00e1s desconcertante que hubiera escuchado nunca, pero no fue capaz de alejarse de aquel hombre que pronunciaba su nombre con experiencia, que le hablaba con soltura de amor, de necesidad, y que le ofrec\u00eda un futuro como quien ofrece un pitillo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue ella la que, compadecida, le invit\u00f3 a entrar en una cafeter\u00eda, y asisti\u00f3 enmudecida al resto del discurso delirante.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escuch\u00f3 sus gestos m\u00e1s que sus palabras, sus ansias m\u00e1s que sus tropiezos, sus sentimientos m\u00e1s que su contenido, su profundidad m\u00e1s que su zozobra, su sinceridad m\u00e1s que la revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dej\u00f3 que agotara su disertaci\u00f3n sin interrumpirla. Cada vez fue prestando m\u00e1s atenci\u00f3n a lo que le dec\u00eda, porque ve\u00eda que no era una locura sin raz\u00f3n y sin sentido, y cada cosa que le escuchaba le hac\u00eda imaginarse que ese hombre, que ahora estaba ensopado frente a ella, en otros momentos habr\u00eda estado sintiendo y ordenando lo que ahora contaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para comprobarlo le pidi\u00f3 que, por favor, empezara otra vez desde el principio, y \u00e9l, sin inmutare, o sin darse cuenta, recit\u00f3 por segunda vez el texto del papel que se hab\u00eda adjudicado en ese soliloquio con espectadora, y fue una repetici\u00f3n exacta, como una grabaci\u00f3n, y as\u00ed hubiera podido pasar el resto de su vida si ella no hubiera tenido la compasi\u00f3n de cogerle una mano, y luego la otra, y si no hubiera compuesto un gesto con sus ojos que le hablaban de comprensi\u00f3n y no de rechazo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l la mir\u00f3 con sorpresa, con una mirada que no estaba en el gui\u00f3n, pues en su desvar\u00edo se hab\u00eda permitido esperar cualquier desconsideraci\u00f3n, cualquier insulto, cualquier desprecio, casi cualquier cosa menos acabar acogido en las manos intocadas de la musa de sus anhelos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese fue el mejor modo de cortar aquel discurso desesperado, en el que sobresal\u00edan sus miedos por encima de sus esperanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfY si no hablas? -le invit\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sinti\u00f3 mejor sin hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cambio, el silencio hac\u00eda el tiempo m\u00e1s largo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella le concedi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s tiempo de silencio, en el que parec\u00eda sentirse inc\u00f3modo, pero poco a poco se fue serenando.&nbsp; Recuper\u00f3 la sonrisa que mucho antes hab\u00eda perdido: la encontr\u00f3 en la sonrisa de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Ahora no s\u00e9 qu\u00e9 decirte -confes\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Tampoco hace falta que me lo digas ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Concertaron otra cita, en ese mismo caf\u00e9, a esa misma hora, ese mismo d\u00eda de la semana en la semana siguiente. Y a partir de entonces las citas fueron continuas; la intimidad fue creciendo en los siguientes a\u00f1os que vivieron felices en la clandestinidad de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cada uno de ellos ten\u00eda que ingeniar excusas y mentiras para sus respectivas parejas, pero cada uno de los momentos robados a sus destinos eran recompensados con la vivencia de lo que nunca consideraron una aventura, sino el recreo en sus mediocres vidas matrimoniales.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora no era importante que hubiera terminado, ni c\u00f3mo, porque todo es c\u00edclico, y todo termina antes o despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed lo record\u00f3 y lo pens\u00f3 escondido para ver sin ser visto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa estaba igual, no le perjudicaba el peso ni el paso de los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l s\u00ed se consideraba mayor.&nbsp; Una fr\u00e1gil coqueter\u00eda le dijo que ser\u00eda mejor que ella no le viera para que pudiera guardar en el almac\u00e9n de los recuerdos su cuerpo duro, la cara viva, el pelo m\u00e1s largo y m\u00e1s joven, los ojos en\u00e9rgicos, y la vitalidad de aquel Gerardo de los desamores que un d\u00eda la abord\u00f3 con la violencia de un tren desbocado en la calle mojada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se retir\u00f3 feliz y apenado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deambul\u00f3 a\u00fan perdido en el pasado reci\u00e9n despertado a trav\u00e9s de muchas calles antes de volver a la misma calle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entr\u00f3 en el coche.&nbsp; Puso la escena primera, acto tercero, de la \u00f3pera Luc\u00eda de Lammermoor, y poco a poco fue volviendo a la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue encerrando los recuerdos en el caj\u00f3n secreto al que su mujer nunca hab\u00eda podido acceder.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Recompuso el presente.\u00a0 Encamin\u00f3 el coche en direcci\u00f3n a su casa, pens\u00f3 qu\u00e9 contarle a Julia cuando le preguntara y sac\u00f3 de la guantera el regalo del veinticinco aniversario.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Prepar\u00f3 como pudo un peque\u00f1o discurso com\u00fan, sin la fiebre y la pasi\u00f3n de aquel otro que compuso para Rosa, un discurso en el que aparecieran las palabras felices veinticinco a\u00f1os junto a ti, s\u00ed me importa mi trabajo pero m\u00e1s me importas t\u00fa, no puedo vivir sin ti aunque no sepa dec\u00edrtelo, todo ello salpicado con alg\u00fan te quiero, alg\u00fan vida m\u00eda, y esa noche, por compromiso, le har\u00eda el desamor. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; Ya sab\u00e9is de sobra que a Gerardo s\u00f3lo le importa su trabajo -dijo Julia al resto de los 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