{"id":2398,"date":"2021-09-17T12:16:21","date_gmt":"2021-09-17T12:16:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/?p=2398"},"modified":"2021-09-17T12:16:21","modified_gmt":"2021-09-17T12:16:21","slug":"el-concilio-del-parque-de-la-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/2021\/09\/17\/el-concilio-del-parque-de-la-libertad\/","title":{"rendered":"El concilio del parque de la libertad"},"content":{"rendered":"\n<p>&nbsp;El primero que le encontr\u00f3 fue Eulogio Madro\u00f1o Romero cuando, poco despu\u00e9s de las seis de la ma\u00f1ana, al comenzar su trabajo de Barrendero Municipal, lleg\u00f3 al Parque de la Libertad y le vio, serio y altivo, en uno de los bancos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le sorprendi\u00f3 porque no es habitual que haya gente a esa hora, todav\u00eda oscura, y m\u00e1s a\u00fan porque su porte, y la elegancia con que estaba sentado, indicaba que no era un mendigo ni un borracho. M\u00e1s bien parec\u00eda un rey.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Buenos d\u00edas, se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Buenos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfSe encuentra bien?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Perfectamente. Gracias por su inter\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfNecesita algo?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; No, muchas gracias. Estoy perfectamente y nada necesito.<\/p>\n\n\n\n<p>Eulogio se qued\u00f3 preocupado. Tanto que, a eso de las dos, cuando termin\u00f3 su tarea, volvi\u00f3 hasta el banco. Le encontr\u00f3 en la misma postura de estatua; se repiti\u00f3 la breve conversaci\u00f3n de la ma\u00f1ana, pero no consigui\u00f3 arrancarle ni una palabra m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Se march\u00f3 a su casa, pero volvi\u00f3 a las cinco de la tarde porque no pod\u00eda dejar de pensar en \u00e9l. Le encontr\u00f3 tal como le hab\u00eda dejado.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvieron a hablar, pero lo \u00fanico que consigui\u00f3 es que aceptara beber agua. La trajo en una botella. Crey\u00f3 que por el hecho de hab\u00e9rsela facilitado ten\u00eda derecho a m\u00e1s informaci\u00f3n, a recibir una explicaci\u00f3n, porque ya estaba convencido de que le suced\u00eda algo, pero tuvo que renunciar a enterarse de qu\u00e9 era.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprob\u00f3 que estaba bien de la cabeza, sus pensamientos eran l\u00facidos, coordinaba perfectamente, y era tan razonable lo que dec\u00eda que acab\u00f3 convencido de que estaba bien y que al final de la tarde se marchar\u00eda a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, poco despu\u00e9s de las seis de la ma\u00f1ana, al comenzar su trabajo, le encontr\u00f3 en el mismo banco, en la misma postura distinguida, y entonces confirm\u00f3 que algo no estaba bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Observ\u00f3 que se hab\u00eda hecho sus necesidades encima, pero no se hab\u00eda movido del sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>La botella del agua estaba vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00f3 hablar con \u00e9l, pero no respondi\u00f3 a las preguntas. S\u00f3lo consigui\u00f3 que dijera \u201c<em>es una cabezona, que me pida disculpas<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 la escoba en el suelo y sali\u00f3 corriendo a buscar a los Polic\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la informaci\u00f3n que les dio supieron que era Don An\u00edbal Alba de la Maza, Presidente del Colegio de M\u00e9dicos desde mil novecientos ocho, de setenta y dos a\u00f1os, desaparecido, seg\u00fan denuncia presentada por su familia, en la noche del domingo \u201c<em>a eso de las once<\/em>\u201d, poco despu\u00e9s de una conversaci\u00f3n con su esposa, Do\u00f1a Gabriela Bismarck de Alba, en la que hablaban de una nimiedad que fue saliendo de quicio hasta el momento en que \u00e9l se march\u00f3 de casa diciendo que \u201c<em>no volver\u00eda mientras no aceptara que \u00e9l ten\u00eda raz\u00f3n, y le pidiera disculpas<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, seg\u00fan dijo al presentar la denuncia, pens\u00f3 que era una tonter\u00eda, ya que&nbsp;<em>desde que se le va un poco la cabeza<\/em>, como dijo para suavizar la demencia que le empezaba a gobernar, muchas veces amenazaba con hacer eso mismo y a los pocos minutos volv\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los polic\u00edas fueron corriendo hacia el Parque, que estaba muy cerca. Antes de salir, el cabo mand\u00f3 a uno de ellos a buscar a la familia, y recrimin\u00f3 a los otros por haber patrullado por toda la ciudad y no haber mirado precisamente donde hab\u00eda aparecido.<\/p>\n\n\n\n<p>El cabo, despu\u00e9s de interesarse por su salud y preguntarle si necesitaba algo, y recibir las mismas palabras que el barrendero, y a pesar de manifestarle la preocupaci\u00f3n de su familia, tampoco consigui\u00f3 que depusiera su actitud, pero tampoco pod\u00eda usar la fuerza, as\u00ed que esper\u00f3 los minutos que transcurrieron hasta que llegaron los dos hijos del doctor, que se abalanzaron sobre \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Se mantuvo en su postura noble. No se conmovi\u00f3, pero les dijo \u201c<em>es una cabezona, que me pida disculpas<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Intentaron razonar con \u00e9l pero no depuso su actitud. Trataron de levantarle tirando de sus brazos, para llev\u00e1rselo, pero no lo permiti\u00f3. Acept\u00f3 otra botella con agua, pero nada de comida.<\/p>\n\n\n\n<p>A las once de la ma\u00f1ana se present\u00f3, con gran parte de su s\u00e9quito, Don Le\u00f3n Sobrino Ribera, el Alcalde, quien tambi\u00e9n fracas\u00f3 en su intento de hacerle entrar en raz\u00f3n de lo conveniente que era para su salud que cejara en su actitud y volviera a casa. No obtuvo respuesta. Entonces hizo referencia a su posici\u00f3n y su decoro, insistiendo en que no era digno de \u00e9l lo que estaba haciendo. Tampoco obtuvo resultados. Prob\u00f3 a decirle, como Alcalde y no ya como su amigo personal, que la normativa municipal no permite pasar la noche en el Parque y que los bancos son un bien p\u00fablico que no se puede acaparar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>A la mierda la ley<\/em>, le respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Le pidi\u00f3, por \u00faltimo, que comiera alguna cosa,&nbsp;<em>s\u00f3lo comer\u00e9 agua,&nbsp;<\/em>que aceptara una manta,&nbsp;<em>antes muerto<\/em>, que se dejara visitar por un m\u00e9dico,&nbsp;<em>yo soy m\u00e9dico<\/em>, y a las doce y media, despu\u00e9s de intentar todos los caminos, desesperado, se fue a atender sus obligaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de marcharse, le dijo al o\u00eddo, para que s\u00f3lo \u00e9l pudiera escucharlo,&nbsp;<em>eres un cabronazo<\/em>, pero Don An\u00edbal se mantuvo en su actitud firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya lleva cuarenta horas en el Parque, sentado en el banco de piedra; se le habr\u00e1n dormido y despertado las piernas muchas veces. Se ha vuelto a orinar. Sus hijos siguen suplic\u00e1ndole incansablemente, pero no accede.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Tienes setenta y dos a\u00f1os, d\u00e9jalo ya y vuelve con nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Por eso, porque tengo setenta y dos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>A esa hora est\u00e1n rodeados de m\u00e1s de cien personas que asisten al espect\u00e1culo. Un periodista ha tomado nota de la noticia, que aparecer\u00e1 en portada al d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los hijos, el mayor, ha ido a su casa y ha hablado con su madre, pero ella tampoco cede y dice que&nbsp;<em>no le importa que pase otra noche en el Parque, ni el resto de su vida. Es un bob\u00f3n,<\/em>&nbsp;a\u00f1ade.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca la noche y los hijos piden permiso para encender un fuego ya que sigue emperrado en no taparse, y temen por su salud. Casi todos los curiosos se marchan.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Ellos se quedan a su lado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Hacen guardia junto a un ret\u00e9n de Polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche es una noche de confidencias. Pasan todas sus horas hablando, recordando cosas de la infancia, de los colegios, las travesuras&#8230; los recuerdos les hacen sonre\u00edr porque hay mucha alegr\u00eda en las cosas que cuentan; sale, c\u00f3mo no, Gabriela. Al pronunciar su nombre, instintivamente, o por la arraigada costumbre, o por amor, a\u00f1ade una sonrisa m\u00e1s duradera, hasta que se da cuenta y la cambia por una mueca seria muy forzada que varias veces est\u00e1 a punto de deshacerse.<\/p>\n\n\n\n<p>La mueca es seria, pero los ojos se derriten de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se pasan el d\u00eda siguiente a su lado, rodeados de varios cientos de curiosos que han sabido por la prensa lo que est\u00e1 pasando, insisten para que desista, pero \u00e9l se mantiene en su postura irreductible y en su pose majestuosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriela Bismarck de Alba ha le\u00eddo en el peri\u00f3dico la versi\u00f3n imaginativa del periodista, quien cuenta que en un acto de amor y de despecho hacia la mujer de su vida, que le ha dicho que se va a separar de \u00e9l despu\u00e9s de cuarenta y seis a\u00f1os de matrimonio, Don An\u00edbal ha iniciado una huelga de hambre que no dejar\u00e1 hasta que muera.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el resto del d\u00eda se dedica a alborotar todos los recuerdos archivados, que son muchos y buenos, y se da cuenta de su cabezoner\u00eda, de cu\u00e1ntas veces han acabado discutiendo por esa tonter\u00eda suya de tener celos de ese hombre que la ama irremediablemente.<\/p>\n\n\n\n<p>A eso de las diez de la noche se pone el abrigo y se dirige al Parque, donde es recibida con asombro por sus hijos y por los curiosos que no han querido perderse el desenlace de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; De acuerdo, cabez\u00f3n, ganaste. Te pido disculpas. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfSinceras? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Las m\u00e1s sinceras. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfNo dudar\u00e1s nunca m\u00e1s de m\u00ed? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Nunca. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfMe quieres? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; M\u00e1s que a nada en el mundo. V\u00e1monos, viejito, v\u00e1monos juntos. <\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta. <\/p>\n\n\n\n<p>Se estira. <\/p>\n\n\n\n<p>Entonces le duele todo. <\/p>\n\n\n\n<p>Sus muchos a\u00f1os, que le estaban pareciendo ausentes, le pasan factura de contado y le obligan a tambalearse. <\/p>\n\n\n\n<p>Ella hace de apoyo y confidente. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Has tardado mucho, cabezona. Cre\u00ed que me ibas a dejar morir ah\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No puedo vivir sin ti \u2013declara ella. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Yo no puedo vivir sin ti \u2013confiesa \u00e9l. <\/p>\n\n\n\n<p>Se alejan solos cogidos de la mano. <\/p>\n\n\n\n<p>Se enfadan y se quieren con la misma pasi\u00f3n que en los \u00faltimos cuarenta y seis a\u00f1os.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;El primero que le encontr\u00f3 fue Eulogio Madro\u00f1o Romero cuando, poco despu\u00e9s de las seis de la ma\u00f1ana, al comenzar su trabajo de Barrendero Municipal, lleg\u00f3 al Parque de la Libertad y le vio, serio y altivo, en uno de los bancos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le sorprendi\u00f3 porque no es habitual que haya gente a esa hora, 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