{"id":2354,"date":"2021-09-17T12:04:17","date_gmt":"2021-09-17T12:04:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/?p=2354"},"modified":"2021-09-17T12:04:17","modified_gmt":"2021-09-17T12:04:17","slug":"a-mi-edad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscodesales.com\/index.php\/2021\/09\/17\/a-mi-edad\/","title":{"rendered":"A mi edad"},"content":{"rendered":"\n<p>La \u00faltima vez que le vi ten\u00eda treinta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo recuerdo porque estuvimos juntos celebrando que los cumpl\u00eda. Una peque\u00f1a fiesta en una habitaci\u00f3n de hotel. Un esc\u00e1ndalo discreto, para no molestar mucho, donde corri\u00f3 mucho champ\u00e1n por mi escote y su entrepierna.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed \u00e9ramos entonces:&nbsp;<em>obsesos por lo \u00fanico<\/em>, como yo defin\u00eda nuestra relaci\u00f3n.&nbsp;<em>Obsexos, con equis<\/em>, dec\u00eda \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde aquella ocasi\u00f3n ha transcurrido mucho tiempo. Exactamente, otros treinta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y cuando nos encontramos de nuevo, \u00e9ramos irreconocibles.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l tiene el mismo pelo largo lacio, ahora encanecido. Le ha florecido una tripa impensable cuando le conoc\u00ed, que era un esqueleto envuelto por una piel, sin grasas ni m\u00fasculos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, est\u00e1 igual: tiene la misma mente revolucionaria y revolucionada, sigue anclado en esa forma de vestir de sus a\u00f1os mozos, la misma sonrisa evasiva, esa mirada tosca que lo mismo te puede sobresaltar que seducir, y el mismo baile de ideas que se suceden o se superponen o se oponen las unas a las otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo he envejecido dignamente, sin resistirme a ello, y no trato de esconder mis a\u00f1os y mis arrugas bajo capas de potingues. Mis kilos propios no se pueden esconder, si bien es cierto que me envuelvo en telas ligeras y escojo esos colores que dan la sensaci\u00f3n de aminorar el volumen.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi cabeza, afortunadamente, ha evolucionado, y aquel momento de mi vida en el que el sexo dominaba al seso, ha desaparecido dej\u00e1ndome en un momento pl\u00e1cido, una especie de retiro espiritual continuo donde no permito que los hombres entren a interrumpirlo, ya que me he convencido de que el placer ef\u00edmero de un revolc\u00f3n no compensa el conflicto que vendr\u00eda despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Me he proclamado virgen a mi edad.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, as\u00ed lo he estado durante muchos a\u00f1os, hasta la segunda irrupci\u00f3n avasalladora de \u00e9l en mi vida, ya que ha puesto todo patas arriba, y ha conseguido destruir, en dos d\u00edas de convivencia, todos mis cimientos s\u00f3lidos, ha violado mis recatos, ha desordenado mis principios y ha alterado mi calma de mujer en calma.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00f3 a mi casa -a\u00fan no s\u00e9 si arrepentirme de haberle invitado- dej\u00f3 su bolsa de viaje sobre la mesa, puso m\u00fasica escandalosa, me cogi\u00f3 en volandas, a pesar de que doblo su peso, y repiti\u00f3 aquel paso loco de ballet&nbsp; que hicimos en tantas ocasiones: sus brazos afianzados en mi cintura y yo flotando a medio metro del suelo como aquella mariposa que alguna vez fui.<\/p>\n\n\n\n<p>Consigui\u00f3 que me riera de modo desenfadado y sin remordimientos, como tantas veces lo hab\u00eda conseguido, y que me pareciera normal que cuando me dej\u00f3 en el suelo pusiera sus labios sobre los m\u00edos, con naturalidad y delicadeza, poco antes de dejarse caer en el sof\u00e1 imitando a un muerto. As\u00ed estuvo los cuatro segundos que aguant\u00f3, justo hasta que la ocurrencia de una nueva locura apret\u00f3 el resorte que le pon\u00eda en marcha de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Te he echado en falta<\/em>, dijo, o algo parecido. Despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3 que llevaba un mes pensando m\u00ed y so\u00f1ando conmigo, y que tuvo que recurrir a su agenda de tel\u00e9fonos y marcar todos los n\u00fameros, uno por uno, hasta llegar a la \u201cm\u201d de Margarita, una de nuestras amigas comunes, quien le indic\u00f3 d\u00f3nde pod\u00eda encontrarme. Y que en el mismo instante en que lo supo fue cuando me llam\u00f3 y me rog\u00f3&nbsp;<em>que le invitara a mi casa, que quer\u00eda verme,<\/em>&nbsp;me dijo por tel\u00e9fono, y&nbsp;<em>que<\/em>&nbsp;<em>quer\u00eda reverdecer laureles,<\/em>&nbsp;eso dijo, y&nbsp;<em>que<\/em>&nbsp;<em>todav\u00eda se le pon\u00eda dura si pensaba en m\u00ed,<\/em>&nbsp;dijo tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y yo, en vez de temerme lo peor, que es lo l\u00f3gico teniendo en cuenta c\u00f3mo es \u00e9l, confi\u00e9 en que fuera una exageraci\u00f3n, una broma.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;&nbsp;<em>A su edad\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con puntos suspensivos, as\u00ed lo dije. Y en voz alta, para escucharme mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero dos palabras suyas fueron suficientes para desterrar la prudencia, y otras dos, muy halagadoras, fueron suficientes para desmontar las barreras tan r\u00edgidamente construidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella alegr\u00eda y naturalidad con que me tocaba, y c\u00f3mo me tocaba, como si el tiempo no hubiera pasado y sigui\u00e9ramos siendo aquellos alocados, me dejaron indefensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s yo ten\u00eda oculto en alg\u00fan lugar secreto el deseo de ser atractiva y deseable para alguien, y quiz\u00e1s alguno de mis pensamientos hab\u00eda fantaseado, de espaldas a mi prudencia, con volver a tener una relaci\u00f3n de amor y sexo despu\u00e9s de diecisiete a\u00f1os de absurda abstinencia.<\/p>\n\n\n\n<p>O quiz\u00e1s es que mi cordura tuvo la amabilidad de dejarme a solas con \u00e9l y con mi instinto, y me permiti\u00f3 volver a usar aquellas risas abandonadas, y volver a sentir el cosquilleo indefinible del deseo, y volver a pintarme, como hice para \u00e9l, y me permiti\u00f3 olvidarme de m\u00ed, escarparme de mi vigilancia, burlarme de mi recato, mandar a la mierda mis temores, tan vanagloriados, y volver a meterme en la piel de aquella&nbsp;<em>insensata<\/em>&nbsp;que no era capaz de ver m\u00e1s all\u00e1 de sus satisfacciones. Afortunadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso es que hablamos con la misma confianza de siempre. Sus frases, invariablemente, estaban llenas de insinuaciones con diferentes grados de obscenidad, y bebimos un vaso de ginebra, y otro, y otro, y otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando la bebida nos gobernaba, y s\u00f3lo \u00e9ramos rendidos esclavos de sus irracionalidades desvergonzadas, nos acariciamos con una mezcla de ternura y avidez, nos besamos con otros besos menos prudentes, cerramos los ojos de la realidad, volamos treinta a\u00f1os hacia atr\u00e1s, y mi casa se convirti\u00f3 en cualquiera de los muchos lugares en que nos hab\u00edamos amado.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decir que no me di cuenta cuando me quit\u00f3 la ropa, y posiblemente ser\u00eda verdad. Tambi\u00e9n podr\u00eda decir que me opuse, aunque fuera s\u00f3lo un poco, pero no estoy segura de que fuera verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que me dej\u00e9 empapar por los sudores, que dej\u00e9 que me tocara por todos los sitios, que yo hice lo mismo, y que volv\u00ed a viajar por los caminos carnales que s\u00f3lo recorr\u00eda en los sue\u00f1os, y que tuve un instante de lucidez en el que me di cuenta de que los l\u00edmites los pone la cabeza, y que el cuerpo no tiene edad ni verg\u00fcenza, y que una es mujer hasta que muere su deseo de ser mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Me despert\u00e9 justo cuando estaba empezando a amanecer. La poca luz me ayud\u00f3 a verle un poco mejor. Estaba dormido, boca abajo, mostrando el culo esquel\u00e9tico. Parec\u00eda que todos sus huesos pujaban por escaparse de la piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel respirar tan lento, tan confiado, me sorprendi\u00f3. Intent\u00e9 imitar su ritmo, pero me resultaba imposible: me quedaba sin aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Le tap\u00e9 con cuidado, para no despertarle. Me qued\u00e9 un rato m\u00e1s a su lado, almacenando todos los detalles en la memoria, hasta que sent\u00ed el deseo irrefrenable de salir al campo; me alej\u00e9 hasta donde no supiera volver el eco y lanc\u00e9 un grito en el que desgran\u00e9 todas mis quejas de tanto tiempo, en el que resum\u00ed las carencias y tantas noches vac\u00edas, en el que puse el dolor del alma con la intenci\u00f3n de que el cielo se lo quedara.<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 con los brazos en cruz, las piernas clavadas a la tierra, los ojos abiertos, para que escapasen mejor las l\u00e1grimas, las emociones tiritando y el coraz\u00f3n revuelto.<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 en esa postura y de ese modo, esperando a alguien que ten\u00eda que venir del cielo para pedirme perd\u00f3n, o para prometerme algo distinto, pero no lleg\u00f3. Lleg\u00f3 el fr\u00edo de la ma\u00f1ana, que atraves\u00f3 mi camis\u00f3n sin dificultad y encontr\u00f3 los caminos por donde invadirme, y lleg\u00f3 la cordura, que cerr\u00f3 el abrigo que me hab\u00eda echado por encima y me encamin\u00f3 de regreso a la casa, a la que llegu\u00e9 aterida de fr\u00edo y necesitada de un caf\u00e9 que me resucitara.<\/p>\n\n\n\n<p>Puse la cafetera. Mientras se iba haciendo, me acerqu\u00e9 de nuevo a la habitaci\u00f3n. Dominaba un desorden de ropa enloquecida que no era habitual. Hab\u00eda cambiado su postura y ahora era un \u00e1ngel viejito con su melena de cabellos descompaginados. Me sent\u00e9 en el suelo, a su lado, a unos cent\u00edmetros de su cara. Su aliento me hizo recordar los vahos de eucalipto que me preparaba mi madre.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo dije cerca de su o\u00eddo, para ver si esa palabra m\u00e1gica le rescataba del sue\u00f1o, pero no hizo efecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tosi\u00f3 levemente una tos de beb\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese beb\u00e9 dormido no era el hombre que poco antes me hab\u00eda descompuesto en un rosario de suspiros y me hab\u00eda desmadejado haci\u00e9ndome revivir el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese beb\u00e9 que sustitu\u00eda al alocado me hipnotiz\u00f3 hasta que el aroma del caf\u00e9 naciendo me hizo levantarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed con la taza en la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>Acerqu\u00e9 el sill\u00f3n hasta su lado y dediqu\u00e9 el resto del tiempo a una contemplaci\u00f3n salpicada de recuerdos. Se presentaron algunos que en ese mismo instante se recuperaban de la parte repudiada del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>El denominador com\u00fan es que todos evocaban momentos mejores de mi vida,y tras cada uno de ellos quedaba el dolor inaceptado de que no poder volver a repetirlos.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaba ese bendito removiendo el mar en calma de mi vida, tray\u00e9ndome una energ\u00eda diligente en sus arrebatos, poniendo al d\u00eda mis olvidos, desmadejando la paz trenzada a base de cuidados.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de poco se despertar\u00eda y seguramente me propondr\u00eda remojar morcillas fritas en el caf\u00e9 para desayunar, como aquella vez en Aranjuez, o quiz\u00e1s ahora sus despertares fueran m\u00e1s templados y necesitara el caf\u00e9 para terminar de resucitar, como me pasa a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Su aparici\u00f3n era una inc\u00f3gnita y lo que estaba por venir tanto pod\u00eda ser otra de mis siete vidas como un sue\u00f1o agradable de final insospechado.<\/p>\n\n\n\n<p>El rey de mis temores me convenci\u00f3 de la segunda propuesta y fue marcando sus posesiones dentro de m\u00ed: volvi\u00f3 a retomar el gobierno en mi pensamiento y ti\u00f1\u00f3 una vez m\u00e1s de luto mi futuro. Busqu\u00e9 urgentemente una excusa para echarle en cuanto se despertara, sin respetar la educaci\u00f3n, y as\u00ed lo hice.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Seis d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed una carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al abrir el sobre se escap\u00f3 un aroma penetrante de esperanza y miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caligraf\u00eda no hab\u00eda cambiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al leer sus palabras encontr\u00e9, casi al final de una retah\u00edla de explicaciones y preguntas, un&nbsp;<em>te amo&nbsp;<\/em>escrito con letras nerviosas; m\u00e1s adelante hab\u00eda otro&nbsp;<em>te amo&nbsp;<\/em>con trazo m\u00e1s firme; luego aparecieron varias veces m\u00e1s, y la letra \u201c<em>o\u201d<\/em>&nbsp;ten\u00eda forma de coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tenemos que vernos,<\/em>&nbsp;<em>para que t\u00fa me hables de tus miedos y yo te hable de mi amor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la posdata me amenazaba cari\u00f1osamente con llamarme por tel\u00e9fono cada minuto si no le contestaba a la carta, y con hacer una huelga de hambre de justicia en la puerta de mi casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba tan divinamente trastornado como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda inmune al paso del tiempo y a sus efectos de sensatez.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en esos seis d\u00edas yo hab\u00eda tenido tiempo de probar todas las combinaciones posibles de&nbsp;<em>lo que podr\u00eda pasar si yo&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Siempre acababa volviendo al redil de la cordura. S\u00f3lo una de las propuestas estuvo a punto de sobrevivir medio minuto en el pensamiento: la de contagiarme de su esp\u00edritu libre y ponerme el mundo por montera. Pero acab\u00f3 encerrada en la c\u00e1rcel de los insurrectos, como las dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Le escrib\u00ed una carta muy larga.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una especie de autobiograf\u00eda en tres cap\u00edtulos. El de antes de conocerle, cuando mi vida ordenada disfrutaba un equilibrio muy organizado y todo estaba en su sitio. El de la \u00e9poca que viv\u00ed con \u00e9l, en que otra yo distinta se dej\u00f3 llevar por los deseos sin pretender gobernarlos ni cuestionarlos ni adecentarlos ni etiquetarlos ni matarlos, y ese era el cap\u00edtulo m\u00e1s feliz y m\u00e1s extenso. Y por fin, el de las reflexiones, el de la sumisi\u00f3n a las excusas, el de la b\u00fasqueda de la paz mortecina por encima de todo, el de la renuncia y las a\u00f1oranzas, el de la viejecita que se hab\u00eda rendido a todo y s\u00f3lo esperaba, sin prisa, el final anunciado.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribir aquella carta de cuarenta y dos folios, por las dos caras, fue una terapia que me revolucion\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Fueron d\u00edas de pasar revista a los entresijos de mi vida, d\u00edas de escuchar dentro de m\u00ed, como si fueran m\u00edos, descubrimientos asombrosos que se resum\u00edan en frases que podr\u00edan ser frases c\u00e9lebres.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas de experimentar del llanto indeciso al diluvio acompa\u00f1ado por los truenos de mis lamentaciones, del temblor fr\u00edo que me recorr\u00eda las venas hasta el roce de sus manos hurg\u00e1ndome sin recato, desde el estado f\u00fanebre de mi capitulaci\u00f3n hasta la rebeli\u00f3n de la guerrera dispuesta a reconquistar el gobierno de mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos d\u00edas fueron una inyecci\u00f3n de vida para mi vida. Me hicieron darme cuenta, sobre todo, de que quer\u00eda seguir viva.<\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00f3lo la vida es vida,&nbsp;<\/em>pens\u00e9<em>. Cualquier otra cosa es hu\u00edda, es rendici\u00f3n a la muerte, es desacato a la propia historia, es cambiar los mejores p\u00e1rrafos de la biograf\u00eda por otros funestos. Es imperdonable. Es una ofensa a Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que el tercer cap\u00edtulo de aquella carta de confidencias daba paso a un cuarto que estaba por escribir, pero ya sab\u00eda qui\u00e9nes era los protagonistas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00faltimo p\u00e1rrafo escrib\u00ed que&nbsp;<em>la llave de la puerta est\u00e1 debajo del tiesto de los geranios; si me encuentras dormida espera hasta que despierte: no quisiera verte y creer que eres un sue\u00f1o. Ven envuelto en alborozo, que no falten las risas a nuestro alrededor. Ven tan pronto como puedas, tan r\u00e1pido como un viento, y tr\u00e1ete nuestro pasado, para que lo actualicemos, y tr\u00e1ete un futuro en blanco, para que lo llenemos de nosotros.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00faltima vez que le vi ten\u00eda treinta a\u00f1os. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo recuerdo porque estuvimos juntos celebrando que los cumpl\u00eda. Una peque\u00f1a fiesta en una habitaci\u00f3n de hotel. 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